¡Volvieron las sectas! Relaciones entre control, miedo y orden.
Por Nicolás Sazo Arratia.
El 8 de julio de este año, se presentó en todos los medios de comunicación un grupo de personas que “presuntamente” serían parte de una “secta religiosa”, a la cual se le llamó “La secta de los Barbones o de Vilcún”. Sin entrar en grandes detalles, ésta fue formalizada por infringir la Ley de Control de Armas y Explosivos, manteniendo en prisión preventiva a varios de sus miembros, mientras se les investigan otros posibles delitos.
Sin embargo, no deja de llamar la atención ciertos elementos que surgen en el manejo comunicacional de esta noticia. La insistencia en la definición “sectaria” de ésta agrupación, las relaciones inmediatas con casos de suicidios o matanzas, el recuerdo del asesinato del sacerdote Faustino Gazziero, Charles Manson, “Jim” Jones y una recopilación de otros casos “sectarios” por todo el mundo; insertan al espectador a una información condicionada por otros casos, generando una relación directa de una agrupación, que por el momento sólo se le encontraron armas, a otras que desarrollaron actos criminales más espectaculares.
Este imaginario criminal no sólo es reflejado por los medios de comunicación, sino que por nuestra sociedad, ya que, hablar de “secta” , suena a algo, por lo menos raro; cuando te acusan de “sectario” claramente se interpreta como una carga acusatoria negativa. Más aún, el concepto mismo es inutilizable y no es apropiado por ningún movimiento, ya que, están concientes de que la definición de “secta”, por más que tenga una etimología y diversas definiciones sociológicas, estas son irrelevantes cuando son acompañadas con características que generan una mayor y mejor “definición” de lo que “es”. De esta forma, la secta no comienza a ser definida como concepto teórico, sino que se relaciona con una praxis. La secta es “secreta”, “turbia”, “satánica”, “inmoral” y “aprovechadora”, acompañados con otros conceptos, como “dinero”, “sexo”, “poder” y “crimen”, siempre ligado a una imagen o acción. La duda y la desconfianza son los factores primordiales en esta relación, llevándola no sólo por el camino del escepticismo, sino también del miedo.
Entonces habría que preguntarse ¿de dónde viene ese miedo? Sin intención de ingresar a los elementos discursivos que mantienen y consolidan este temor, reflexionaré en torno a un posible origen o por lo menos, una instancia decisiva para un afianzamiento de esta representación.
El comienzo de conformaciones de listados de sectas y el nacimiento de interés en los estudios de actividades religiosas, se comienzan a desarrollar en un contexto particular de transición política en Chile, instancia de decaimiento de un orden extremadamente represivo en la segunda mitad de la década de los 80 y primeros tres años de la llegada de la democracia. Durante este periodo se modifica el orden político y social, y, siguiendo a Iván Pincheira, se asistiría a la modificación de los objetivos y formas de control social, pasando de una doctrina de seguridad nacional a una doctrina de seguridad ciudadana[1].
Sin embargo, se mantiene constante la idea de conformación de un orden[2] en el cual se conserva el control de las dinámicas sociales disminuyendo los riesgos de subversión frente a los intereses de los nuevos grupos dominantes. El método utilizado sería la conformación de una “norma” intersubjetiva, que fuera más allá de la ley impuesta, y que apelara al “sentido común”.
Destruyendo todo tipo de organización social y política existente previa a la dictadura y a la conformación de medios preventivos a acciones opositoras, se comienza una institucionalización de dispositivos de dominación y control del comportamiento social de la población[3] que no tienen necesariamente que ver con la represión violenta. En cambio, mediante el control de subjetividades se colabora con la consolidación del orden como medio de identidad y estabilidad político-social. Las dinámicas de guerra contra el tradicional “enemigo interno” son trasladadas solapadamente a esferas diversas de sociabilidad que sirvan como espacio para la diferencia y el “peligro” que aquella conllevaría para la estabilidad social. Así, las sectas religiosas se consolidan como ejemplo de la diversificación de la duda, el desconocimiento y el miedo.
Estos mecanismos alteran la estructuración del orden intersubjetivo previo, desarraigando referentes colectivos e identitarios, configurando una sociedad donde “la diversidad social no logra ser asumida como pluralidad, sino que es vivida como una desintegración cada vez más insoportable. De ahí nacen el recelo a lo diferente, la sospecha y aun el odio al otro”[4].
La sospecha permite un aislamiento individual y una destrucción de lo comunitario, fomentando no sólo desconfianza, sino también un completo desconocimiento del otro. Por lo tanto, según Lechner:
“El individuo aislado tiene dificultades de verificar su subjetividad, confrontándolo con experiencias diferentes. Se diluyen entonces los límites entre lo real y lo fantástico, lo posible y lo deseado. En tales condiciones difícilmente se podrá elaborar una visión realista. Y esa falta de realismo político, o sea, la incapacidad por determinar los cambios posibles, termina por fortalecer el poder fáctico de lo establecido”[5].
Así, en un proceso de transición hacia una democracia que valora la intersubjetividad como eje principal de elaboración de un nuevo orden, pretendiendo sostenerse en una conciencia histórica que plantee la efectividad del pasado sobre el presente, busca también una confianza en las relaciones sociales. Confianza en la democracia misma y, finalmente, en la forma de actuar sobre un futuro abierto sobre el cual se busca disminuir la incertidumbre. Esta transición se ve entrampada en un ideario social que no corresponde a la configuración social del momento.
De esta forma, “El autoritarismo genera una ‘cultura de miedo’ […]. Y esta herencia persistirá aunque desaparezca el régimen autoritario”[6], perpetuándose más allá de los límites democráticos, consolidándose la desestructuración de la sociedad comunitaria e intersubjetiva, provocando relativismos en criterios sociales acerca de lo “normal”, lo “posible” y lo “deseable”[7]; y levantando como única opción y garante de la sobrevivencia social ante el caos, el orden y sus métodos disciplinarios.
El otro, el distinto a mi, se establece como un alter ego social, identificando a cada uno de éstos como sostenedores de los males en que se encausa la sociedad chilena. De tal manera, se comienza una institucionalización del miedo, canalizado en ciertos sujetos, totalmente reconocibles y por ende, manejables.
Así, las “sectas” se levantan como ejemplo (entre muchos otros) de aquellos chivos expiatorios sociales en los cuales se cargan estos sentimientos de miedo, desconocimiento y desconfianza, que se han mantenido vigentes en el imaginario social actual.
[1] Pincheira Torres, Ivan. De la seguridad y el miedo, a las luchas ético/estéticas en el Chile post-dictadura. P. 5. Disponible en Internet en http://rsepulvedam.googlepages.com/SeguridaMiedoYluchastico-polticas-1.pdf.
[2] Utilizare en concepto de orden de Lechner, asociándolo a la intersubjetividad social “Lo que llamamos orden no es finalmente otra cosa que una propuesta, digamos, un intento de compartir. Pues bien, solo compartimos lo que elaboramos intersubjetivamente; sólo entonces es nuestro mundo, nuestro tiempo. Visto así, el pensamiento político, como el arte o la moral, significa hacer visible lo colectivo”. Lechner, Norbert, Los patios interiores de la democracia, Santiago, FCE, 1990, p. 11.
[3] Almarza, Maria Teresa. Aspectos psicosociales de la represión durante la dictadura. P. 3. Disponible en Internet en http://www.cintras.org/textos/monografias/monografia4.pdf
[4] Lechner, Norbert. Op. Cit., p. 91.
[5] Ibídem, p. 93.
[6] Ibídem, p. 88.
[7] Ibídem, p. 90.





Interesante artículo, caso práctico es lo que se vivió con la persecución a tendencias musicales a comienzos de los noventa, principalmente al Metal. La primera venida de Iron Maiden se terminó discutiendo en el Ministerio del Interior y en la Conferencia Episcopal. Sin duda un tema que no deja de estar en el tapete. Recomiendo sobre el tema: Hoecker, Loreto, Tsukame, Alejandro, “Notas sobre la inserción y el control social en la transición a la democracia” en, Revista de la Academia, Nº 5, Santiago, Chile, Otoño 2000.
Saludos.
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