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África: Reflexiones en torno a la colonialidad y el subdesarrollo.

4 mayo 2010 772 visitas Sin Comentarios

Por Fernanda Del Río Ortiz.

Aunque para muchos parezca lejano, tanto a nivel geográfico como a nivel de tema de estudio, creo que vale la pena dedicar estas líneas a algunas reflexiones en torno a la forma como se conciben desde “Occidente” los procesos de modernidad/modernización y desarrollo en latitudes como la africana y, a riesgo de parecer forzado, repensar a partir de ello la situación en que nosotros, en Latinoamérica, nos encontramos.

Por supuesto que tratar de forma individual y en detalle cada una de las problemáticas que se podrían identificar en África requeriría más espacio del que este ensayo me permite (y no es tampoco mi objetivo), pero, en términos generales, podemos ver que muchas veces se habla de subdesarrollo, pobreza, segregación social y racial, inestabilidad política, etc. De aquí que las condiciones en las que se encuentra este continente suelan ser percibidas, a primera vista, como un fracaso en términos de modernización y desarrollo.

No obstante, si volvemos sobre el párrafo anterior valdría la pena preguntarnos si aquellas características calzarían también en una descripción posible de América Latina. A mí parecer al menos, efectivamente, serían más los factores que nos acercan, que aquellos que nos alejan de África, por mucho que desde el siglo XIX hayamos querido creer que somos parte de “Occidente”, del grupo de los “iguales”, blancos y civilizados; y, en consecuencia, diferentes a los africanos (y a los indígenas americanos)[1].

De esta forma entonces, podemos pensar el tema de la percepción que se tiene de África –y de su “problema” respecto al progreso- como una forma de interpretar el mundo que responde a determinados imaginarios hace largo tiempo heredados, de modo que evaluar el éxito o fracaso de África en términos de modernidad/modernización resulta complejo si se piensa en la perspectiva desde la cual estos conceptos se han construido. Me explico: la modernidad y la modernización son leídas desde una particular perspectiva europea-occidental que, si bien se han expandido en términos culturales a regiones que transcienden Europa, siguen sin reflejar las condiciones y características de todo el mundo; vale decir, que deben ser entendidas a partir de la colonialidad del poder. En otras palabras, la idea misma de modernidad y modernización derivada de los patrones culturales europeos no se corresponden con los patrones africanos –ni latinoamericanos- y, por tanto, no pueden ser la vara con que éstos sean medidos.

A modo personal, considero que el problema radica en haber aspirado a continuar y reproducir los modelos políticos y económicos coloniales, desconociendo el propio legado ancestral al momento de la organización postcolonial (lo que se refleja, por ejemplo, en la división territorial de los actuales estados nacionales, poco coincidente con los clanes, tribus, parentescos ficticios, etc.); rasgo del que nuevamente podemos encontrar un símil en América Latina si pensamos en la forma como se organizaron los Estados-nación, que siguieron a las administraciones europeas.

Además, a la vez que de este modo las antiguas colonias “se negarían a sí mismas”, África ha debido cargar con los prejuicios de occidente que, pese a los esfuerzos de los países de este continente por avanzar en la modernización y occidentalización, siguen percibiéndolos bajo criterios de inferioridad asociados en importante medida a la discriminación racial hace tiempo hermanada con la empresa colonizadora (y que aún hoy permanece arraigada).

Esta forma de codificar las diferencias al interior de la sociedad tendría su origen en la conquista de América ya que, a partir de la supuesta diferencia biológica (basada en las características fenotípicas), se ubicaba a los conquistados en una situación de inferioridad natural frente a los conquistadores. De este modo, la idea de raza apareció como un concepto fundamental en las relaciones de dominación que se prolongó hasta siglo XIX y se consolidó con la ocupación de África; asociando estas identidades raciales a determinadas jerarquías y roles al interior de la sociedad. Pero, además de instaurar la categoría racial como legitimación del etnocentrismo europeo a nivel global, se transmitió esta concepción a los pueblos colonizados gracias al monopolio europeo del conocimiento, que termina por lograr que las aspiraciones de la modernidad sean absorbidas y aceptadas como sus propias aspiraciones.

Esto es un ejemplo del modo en que el liberalismo inscribe entre sus triunfos: el instaurarse como algo más que un sistema económico, llegando a ser toda una ideología, que desde la perspectiva del color de la piel daría pie, además, a una diferenciación racial asociada a la organización económica del mundo, tomando por extremos al hombre blanco -dominador en tanto civilizado y superior- y a los negros como sinónimo de esclavitud -lo cual lo pone en la peor de las posiciones articuladas al interior del sistema-; pero pasando en el trayecto por una serie de estadios en los que podemos incluir también a los indígenas y mestizos americanos[2].

William Blake, “Europa sostenida por África y América”, 1796. commons.wikimedia.org

Entonces, las bulladas dificultades que presentaría África para aproximarse a los estándares occidentales de modernidad y desarrollo, pueden servir como punto de arranque para repensar estos patrones y entender dónde y cómo se están aplicando. Entonces, ¿por qué pretender que países “construidos” según los criterios antojadizos de la empresa colonial europea cumplan hoy con las características de la nación moderna occidental? ¿Cómo esperar que se extirpen por completo las diversas culturas ancestrales aglutinadas forzosamente dentro de los límites de los nuevos países bajo la forma ficticia de un “Estado-nación libre”?, ¿cómo y por qué aspirar a que, ahora, se integre a la senda del desarrollo, actualmente demarcada bajo criterios económicos? y, finalmente, ¿es África el único continente donde podemos observar estas cuestiones?

En términos culturales, probablemente lo más grave de todo es que las élites africanas adhieren a las ideologías occidentales en la medida que aspiran a igualar a quienes los discriminan, integrándose de buena gana en sus sistemas de dominación durante el periodo postcolonial; tal y como ocurrió entre los criollos americanos. Es este rasgo el que no sólo los (nos) hace funcionales en términos económicos para el sistema mundial pese al subdesarrollo (según un esquema de centro-periferia), sino que, además, los (nos) mantiene anquilosados al no reconocerse a sí mismos y sus potenciales para mejorar su propia situación por otras vías que no sean las de la modernidad occidental[3].

Es así como África se encontraría en una suerte de limbo cultural, en el cual se tambalea entre seguir el camino de la modernización y reconocer sus características culturales fuertemente diferenciadas de los patrones europeos que instauran los criterios de la modernidad misma. Desde esta perspectiva, podemos decir que África sufre los síntomas de la imposición de modelos culturales e ideales políticos y económicos que no se corresponden con su esencia social y cultural; vale decir, sería la víctima de una situación colonial no muy alejada de lo que ocurre en lugares como América Latina, aunque con consecuencias más evidentes en el caso africano. Tal vez porque África ha puesto -conciente o inconcientemente- resistencias más férreas, mientras que en varios países de América Latina –entre los que definitivamente destaca Chile- nos hemos creído con más facilidad el mito de nuestra propia “civilización”, y hemos ocultado, tras esa creencia, muchos vicios como el racismo, la intolerancia, la discriminación y la segregación; y una serie de variados problemas políticos, económicos y sociales que no nos posicionan precisamente en rango alguno de superioridad (si tal cosa existiera).


[1] Ver Du Bois, W.E.B., The Souls of Black Folk, Vintage Books, Nueva York, 1990.

[2] Ver Lander, Edgardo (comp.),  La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas, Buenos Aires, CLACSO, 2003.

[3] Ver Neila Hernández, José Luís, “La ‘descolonización de las mentes’ en el África Subsahariana: identidad y conocimiento social”. Revista del Instituto de Estudios Internacionales N° 162, Universidad de Chile, 2009, pp. 31 – 61.

La opinión contenida en este texto es de exclusiva responsabilidad de su autor”


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