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Algunas consideraciones sobre la tecnocracia

1 mayo 2010 725 visitas 2 Comentarios
Por Nicolás Penna Vizcaya

fuente imagen: http://www.infolatam.com

A comienzos del mes de febrero, Sebastián Piñera, en aquél entonces Presidente electo, dio a conocer su gabinete ministerial, hecho concreto que se había pospuesto desde el día mismo de las elecciones. Recordemos que en torno a este tema, surgieron muchas especulaciones acerca de quiénes iban a ocupar dichos cargos. Algunos indicaban (o deseaban)[1] que los más agudos operadores políticos de la Coalición por el Cambio tendrían un espacio preponderante en el Gabinete, mientras que otros ya comenzaban a negar la inclusión de parlamentarios en ejercicio, a falta de nombres de peso para llenar la plantilla del equipo ministerial[2].  En todo caso, lo que no dejó lugar a dudas, fue que, en propias palabras de Piñera, el nuevo gabinete tendría –por sobre todas las cosas–, el gran valor de la “eficiencia empresarial”[3].

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Estas declaraciones se hicieron realidad el día 9 de Febrero de 2010, donde en una ceremonia realizada en el Museo Histórico Nacional, Piñera presentó a todos los integrantes de su Gabinete. Al conocer los nombres de los Ministros y sus respectivas carteras, se dio a conocer un interesante hecho: la gran mayoría de ellos tenía un perfil profesional bastante distinto al que existía en los gobiernos anteriores. La figura de Ministro se transformó desde una autoridad política, a una eminentemente técnica, según las áreas del conocimiento que dominaban a los designados.

Un pequeño ejemplo de lo anterior, es mostrar que de los veintidós ministros existentes,  catorce de ellos son Ingenieros, ya sea Civiles o Comerciales, todos provenientes del mundo empresarial. A su vez, el mismo número anterior no tenía ninguna militancia en partido político alguno, valor que el Presidente ya había mencionado con la sentencia “no miraremos el carnet de militancia de nadie”. Con ello se intentaba reafirmar los dichos que indicaban que el gobierno sería “de los mejores” y no necesariamente del resultado de “cuoteos políticos”.

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Los hechos anteriormente señalados, nos indican bastantes cosas a rescatar. En primer lugar, la proyección que el nuevo gobierno quiere hacer de sí mismo. En una práctica discursiva, integrar a personajes exitosos (dado que tienen grandes fortunas personales) provenientes del empresariado nacional, implica demostrarle a la ciudadanía que desde este momentos se dejarán de lado las prácticas de corrupción que se habían descubierto en los últimos años[4] en los gobiernos de la Concertación[5], puesto que, al ser ellos personajes apolíticos, no caerían en el juego político de la repartija discrecional de los distintos poderes del Estado. Más aún, la opinión pública[6] reaccionó favorablemente frente a este tipo de nombramientos, indicando que, puesto que ellos tenían una brillante carrera en empresas privadas, el Estado se modernizaría y actuaría desde una perspectiva gerencial, dándole dinamismo a su modo de actuar[7].

¿Es esta nueva forma de gobernar, la panacea de la modernización estatal? Claramente que no. Es más. Podríamos decir que utilizar las ideas tecnocráticas, en reemplazo de medidas políticas propiamente tales, es una quimera disfrazada de datos y estadísticas. Recordemos que la política en sí, es una actividad basada en sujetos, en donde las personas que reciben el accionar político formal tienen necesidades cuantitativas, pero también cualitativas (o subjetivas). Además, los costos que pueden surgir para solucionar los tradicionalmente llamados “problemas de la gente”, no necesariamente son los ideales. Es decir, cuando un gobierno toma decisiones para resolver problemas, a veces la manera más eficiente y racional no es la que mejor se acomoda al problema en sí. Las personas tienen un “modo de ser cultural” específico, lo que implica que las decisiones políticas que deben ser aplicadas a sus problemas, deben considerar dichos modos de ser. Pero una manera tecnocrática de solucionar los asuntos “no lo ve”, pues sólo está viendo tablas de costo/beneficio. De ahí a que sea tan estratégico como inentendible el puesto de Joaquín Lavín en el gabinete: ¿cómo un ingeniero comercial puede solucionar los problemas de la educación pública –que tienen mucho que ver con  los entornos culturales de los estudiantes, mas que un asunto de “gestionar mejor los recursos”, o privatizar lisa y llanamente las escuelas–, cuando por lo general sus propios intereses están puestos en la educación privada?[8]

Aún más importante que lo anterior. ¿Es acaso “la nueva forma de gobernar”, una aplicación de la política desligada completamente de ideologías?  Podemos decir rotundamente que no. No está completamente desligado de ideologías, pues la ideología en sí, es una objetivación de lo subjetivo. Es la transformación de algo que es “subjetivamente bueno” para algunos (como el “libre mercado”), en algo “objetivamente racional” y completamente aplicable a toda la sociedad. La ideología siempre se va a escudar en modelos científicos de pensamiento para poder aplicarse en toda la sociedad, independientemente si es algo positivo o negativo para toda la sociedad: es la sistematización de la consecución de objetivos concretos, que al comienzo nacen para beneficiar a sujetos particulares, pero se abstraen para generar un corpus teórico para alcanzar ciertos objetivos comunes dentro de una sociedad.

Obviamente que lo anterior, no es algo completamente nuevo en la historia de la humanidad. Uno de los primeros teóricos que observó críticamente este asunto, fue el sociólogo alemán Max Weber. Para él, este hecho se fundamenta en la manera en que los grupos dominantes de una sociedad tienden a validar su poder por distintos medios. Para el autor, existen varios medios de dominación legítima:

Tipo de Dominación Definición
Dominación Legal-Racional descansa en la creencia en la legalidad de ordenaciones estatuidas y de los derechos de mando de los llamados por esas ordenaciones a ejercer la autoridad (autoridad legal)
Dominación Tradicional descansa en la creencia cotidiana en la santidad de las tradiciones que rigieron desde lejanos tiempos y en la legitimidad de los señalados por esa tradición para ejercer la autoridad (autoridad tradicional)
Dominación Carismática que descansa en la entrega extracotidiana a la santidad, heroísmo o ejemplaridad de una persona y a las ordenaciones por ella creadas o reveladas [llamada autoridad carismática]

La dominación “legal-racional” es el modelo que todos los países occidentales han seguido a lo largo del siglo XX, hasta la actualidad. Inspirado en el gobierno de Bismarck, Weber consideró que la promulgación de leyes tiene un valor histórico, pues son necesarias en momentos específicos (en coyunturas). Sin embargo, cuando las coyunturas cambian, dichas leyes se transforman en una estrategia de dominación por parte de quienes detentan el poder, y así poder aplicar su modo de acción particular hacia la sociedad en general.

Tipo de Acción Definición
1)      Racional con  arreglo a fines Determinada por expectativas en el comportamiento, ya sea de objetos del mundo exterior o de otros hombres, y utilizando esas expectativas como condiciones o medios para el logro de fines propios racionalmente sopesados y perseguidos.
2)      Racional con arreglo a valores Determinada por la creencia consciente en el valor propio (ético, estético, religioso, etc.) y absoluto de una determinada conducta, sin relación con el resultado.
3)      Afectiva Emotiva, determinada por afectos y estados sentimentales actuales.
4)      Tradicional Determinada por una costumbre arraigada.

Estando sucintamente definidos los modos de acción (tipológicamente puros), se puede observar que el accionar político por lo general, actúa utilizando las dos primeras tipologías: actúa de manera racional, con arreglo a fines y, además, actúa con arreglo a valores. Esto quiere decir que la actividad política debe actuar en base a la consecución de fines específicos y para ello debe tomar el camino más corto para ser aplicado. Sin embargo, aquél camino no debe sobrepasar a la sociedad en sí, sino que también debe existir cierta racionalidad valórica, respetando los modos de ser culturales de las personas a las cuales la medida política está afectando.

La tecnocracia, sin embargo, no responde al accionar racional en base a valores. Aplica sólo la primera máxima, acerca del arreglo a fines. Esto genera, irremediablemente, que los procesos culturales que suceden en la sociedad y en los sujetos en particular, sean observados como una variable que no afecta a la aplicación de políticas de corte tecnócrata. Esta desvalorización del mundo de la vida, es lo que Weber denominaría como “la jaula de hierro” de la burocracia. Una jaula de hierro que genera la desestructuración de los valores como elemento constitutivo de la vida misma, colocando a la ganancia y a los fines como algo positivo en sí mismo.

La importancia de maximizar la eficiencia en el cumplimiento de metas específicas, ha generado en el contexto nacional de la historia reciente, medidas como la privatización de la educación pública. La presunta eficiencia del modelo privado de educación, no sólo ha generado un traspase de estudiantes del sector público hacia el sector privado, poniendo en peligro incluso su misma existencia, sino que también ha cambiado la manera de ver y valorar la educación superior. En el ámbito de la salud, el asunto no varía mucho. Ya se habla de concesionar distintos hospitales a causa del terremoto, para así “maximizar la eficiencia de su funcionamiento”. Lo mismo podemos observar en el transporte público y muchas otras áreas en donde el Estado se ha desligado de su responsabilidad. Todo esto, son medidas que solamente van en la dirección de la maximización de los beneficios y la minimización de los costos. Pero es, paradójicamente, en este modo de actuar, en donde se demuestra de mejor forma que la ideología está por detrás de todo, pues para la tecnocracia chilena no existe otra forma de concebir la sociedad[9]. Es su esencia. Y es en base a esta misma esencia, que han existido grandes manifestaciones históricas del fracaso de la tecnocracia como una vía políticamente aceptable. Por ejemplo, tenemos los fracasos de las políticas económicas monetaristas, que se estrellaron contra la Gran Depresión de 1929.

Si miramos lo anterior en nuestro país, tenemos varios ejemplos. Recordemos el caso de la CORFO. Su misión era fundamentalmente generar desarrollo económico, fomentando la creación de empresas tanto públicas como privadas, partiendo desde una coyuntura desfavorable, como lo fue el terremoto de 1939. El fracaso de la CORFO responde a que se enfocó demasiado como un ente técnico capaz de generar desarrollo industrial, en desmedro del accionar político necesario para darle dinamismo a dicho sector de la economía en los momentos que los necesitaba. Pero previo a la CORFO (en 1925), existió otro organismo técnico –externo– que intentó darle dinamismo a la economía. Esto fue la misión Kemmerer, la cual fue contratada en el extranjero. Esta misión era algo así como un “Money doctor”, a tenor de la inexistencia de entidades internacionales para la regulación económica. Dicha misión tenía por objetivo reducir la inflación, liberalizar la economía nacional, abrirla a distintos mercados, y mejorar la confianza crediticia en el extranjero. La misión fracasó estrepitosamente, aún cuando logró impulsar la creación del Banco Central y de la Contraloría general de la República. Lo mismo podría decirse de la Misión Klein-Sacks. Esta última llegó al país de manera similar a la misión Kemmerer, para reducir la alta tasa inflacionaria existente en la década de los 50’. Además, la idea de contratar un organismo externo que asesorara al gobierno de la época, generaba condiciones para mejorar la imagen crediticia externa del país. Operó entre 1955 y 1958, con el apoyo del empresariado y de la derecha, la cual le fue retirando su apoyo por ser medidas “demasiado liberales”.

Todo lo anterior nos demuestra que la coyuntura actual no es algo nuevo en la Historia. Las ideas tecnocráticas se pueden observar en todo el siglo XX, teniendo siempre como característica, la ideología encubierta detrás de la medida “técnica”. En definitiva, “La nueva forma de Gobernar”, no es nada que no hayamos visto en la historia del siglo XX chileno.


[1] [http://www.latercera.com/contenido/674_223572_9.shtml]

[2] [http://radiosantiago.cl/index.php?option=com_content&view=article&id=3204:pinera-se-inclina-por-no-designar-a-parlamentarios-en-su-futuro-gabinete&catid=1:latest-news&Itemid=269].

[3] http://www.mercuriovalpo.cl/prontus4_noticias/site/artic/20100118/pags/20100118000419.html

[4] http://despiertachile.wordpress.com/2008/06/26/resumen-de-inmoralidades-y-escandalos-de-la-concertacion/

[5] http://www.emol.com/especiales/chiledeportes/index.html

[6] http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2010/03/31/pinera-inicia-su-mandato-con-una-aprobacion-de-52/

[7] Esto último es algo denominado “New Public Management”. Ver Barzelay, Michael. La nueva gestión pública. Además Hughes, Owen. Public Management & Administration. Palgrave Macmillan. California, 1994 (3º edición, 2003). Además, existen trabajos del Banco Mundial al respecto. http://www.mh-lectures.co.uk/npm_2.htm

[8] Podríamos elucubrar de que Piñera puso a Lavín en aquél cargo ministerial, sólo para que fuese desaprobado rápidamente por la opinión pública y los movimientos estudiantiles en general.

[9] Recordemos que la ideología es la búsqueda de objetivar el pensamiento subjetivo de un grupo determinado de sujetos, y transformarlo en un modo de acción racional y universal.

La opinión contenida en este texto es de exclusiva responsabilidad de su autor”

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2 Comentarios »

  • Javier Sadarangani L dijo:

    “¿Es acaso “la nueva forma de gobernar”, una aplicación de la política desligada completamente de ideologías?”

    Creo que al asumir que esta tecnocracia capitalista y propia de Piñera es una “nueva forma de gobernar”, es darle un espacio a la posibilidad que tomen lugar gobiernos tan impersonales como este. Rescato notablemente, y que creo que resume bien las vicisitudes de la tecnocracia, la frase de Nicolás: “¿cómo un ingeniero comercial puede solucionar los problemas de la educación pública [...]?” y es lo que, quienes votaron por el millonario en dólares, no tomaron en cuenta.
    No obstante, ¿Quién dice que el tecnócrata, incluso más allá, el político es quien puede solucionar los problemas de la gente?¿No es la gente quienes deben solucionar sus propios problemas a través de la organización popular?
    Creo que la historia ha puesto en jaque la labor administrativa, ya sea técnica o política. La palabra “soluciones parche” ha sido recurrente en la historia de la política, pero la palabra “soluciones de raíz” ha sido siempre cargada de intereses creados de un grupo que obtiene su legitimidad a partir de estos discursos.

    Jajaja tal ves no se entiendan mucho las ideas, pero intenté aportar en algo.

    Saludos.

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