Catástrofe y nación: estructura de sentimiento y hegemonía (Parte 2 -final-)
Por Renato Hamel Alonso.
Otra de las características de la nación que surge con particular claridad ante la coyuntura del terremoto es su carácter flexible, en términos de la variedad de contenidos ideológicos que puede incluir.
Un lado de la moneda se puede observar a través del simple ejercicio de analizar las tandas comerciales que siguieron al terremoto. Durante aquellos días fuimos testigos de constantes apelaciones comerciales a Chile, por ejemplo, a su capacidad de resurgir de entre los escombros, de ser solidarios, entre tantos otros mensajes, tal y como se aprecia en el siguiente comercial de la empresa Movistar (perteneciente a la española Telefónica):
En primer lugar, se podría especular que estas alusiones corresponden sencillamente al afán capitalista por obtener mayores ganancias, incluso a costa del sufrimiento de otros. A pesar de que esto no es completamente descartable, existen ciertos elementos que obligan a matizar tal afirmación. En primer lugar, si bien la coyuntura del terremoto es explotable en términos emotivos, también lo han sido movimientos telúricos que han ocurrido en otros lugares, con consecuencias incluso peores, como el del caso de Haití. Ciertamente mostrar imágenes de la devastación haitiana, junto con la promesa de donar parte de las ganancias, las habría incrementado, y sin embargo ello no ocurrió. Asimismo, si bien resulta extremadamente complejo calcular el aumento de utilidades obtenidas por este tipo de campañas, es difícil que la donación de $515 millones de pesos realizada por Movistar (a lo que hay que sumar el costo de la producción y emisión de las franjas comerciales) sea retribuida en un corto, mediano o incluso largo plazo, poniendo en duda la rentabilidad neta de tal donación (y por ende, su carácter de inversión), considerando además que las empresas competidoras de Movistar también realizaron sus aportes, descartando la posibilidad de aventajar a la competencia. Se puede concluir, entonces, que si bien es posible que haya existido una lógica capitalista de maximización de las utilidades detrás de la participación de Movistar, y tantas otras empresas, en las campañas de ayuda, no es posible afirmar la inexistencia de un impulso basado en la nación.
Por otra parte, la organización estudiantil de tendencia trotskista que aspira a la unidad obrero-estudiantil “Las Armas de la Crítica”, también apeló a la catástrofe ya señalada, haciendo un llamado a colaborar con los afectados por el terremoto, como se observa en los siguientes afiches:
Se podría decir, a simple vista, que este deseo de colaborar con las víctimas del terremoto tiene que ver no con un afán nacionalista, sino más bien con uno de clase (y, por ello, que privilegia más bien una posición internacionalista), es decir, para ayudar a personas de la clase obrera que resultaron afectadas. Si bien esto último no es del todo falso, es innegable que existe cierto énfasis cuantitativo y cualitativo por temas que acontecen en Chile por sobre aquellos que no. Esto se puede observar en el mismo sitio web de la organización, donde se resumen los últimos volantes que reparten en diferentes universidades. Refiriéndonos al tema particular de las catástrofes, podemos darnos cuenta que, de ellos, ninguno se refiere a colaborar con el pueblo haitiano, por ejemplo. Y, en general, se puede observar que de los últimos 50 volantes lanzados, 37 se refieren a temas exclusivamente acontecidos en Chile[1], marcando una clara tendencia sobre el foco de atención.
Estas reacciones evidencian una profundidad políticamente transversal de la nación dentro de la “estructura de sentimiento” (concepto de Raymond Williams) de los ejemplos analizados, y toda la gama de posiciones entre ellos. Se podría contra-argumentar señalando que el uso de la nación es, en este caso, meramente instrumental, es decir, que si los empresarios utilizan la nación es solamente para obtener mayores ventas, y por lo tanto, mayores ganancias, dentro de la lógica del capitalismo; lógica que más que nacional, es a-nacional, como señalaban Marx y Engels. También podría decirse que si las organizaciones revolucionarias utilizan la nación es sólo para captar una mayor base social, ya que “en realidad” son internacionalistas.
Si bien estos argumentos no son completamente falsos, en el sentido que existen intereses diversos a partir del uso de la nación, resulta claro que el énfasis y la atención que se ponen sobre los acontecimientos chilenos van más allá de los intereses explícitos no nacionalistas de cada uno de estos grupos (desde el “anacionalismo” capitalista hasta el internacionalismo marxista), ya que aquellos objetivos podrían lograrse también a través de sus respectivas posiciones alejadas del nacionalismo: tanto Movistar como Las Armas de la Crítica podrían haber apelado a, por ejemplo, Haití para vender más o reclutar nuevos integrantes, respectivamente, y sin embargo no lo hicieron; en resumen, grupos tan disímiles como los capitalistas y los revolucionarios terminan por reproducir un concepto contrario a sus ideas –la nación- a pesar de no ser estrictamente necesario (aunque no se niega que sea también útil).
De ahí que rescatemos la noción de “estructura de sentimiento”, y no usemos el de ideología, pues aquella estructura se remite a fenómenos que van más allá de las ideas conscientes (“anacionalismo”, internacionalismo), incluyendo también los sentimientos y el “sentido común”. Este sentido común no es natural, universal ni inherente al hombre racional, como pareciera indicar su denominación, sino que es históricamente construido a partir de la pugna de diferentes intereses; tal y como señala Gramsci, es un sentido común construido hegemónicamente, por fuerzas en pugna. En este caso, utilizar una argumentación nacionalista, es decir, privilegiar una escala nacional o en otras palabras fijarse más en sucesos ocurridos en relación a la nación propia, forma parte de ese “sentido común” particular que se remonta a por lo menos, un par de siglos atrás (lamentablemente, la discusión sobre su duración histórica no se puede abordar en la presente columna). La nación, por lo tanto, es un concepto que se asume como dado, como un axioma inconsciente, y por ello forma parte de un ámbito de pugna, en el que en el que diversos intereses luchan por apropiarse de su idea y darle el sentido que más se acomode a sus intereses o su programa, aún cuando éstos aparentemente estén en contra de ella.
Para resumir las últimas dos columnas, me gustaría volver a repasar sus argumentos fundamentales. Primero, es necesario señalar que la coyuntura de la catástrofe nos ha permitido evidenciar el carácter imaginado de la nación, a través de dos sentidos fundamentales: como fenómeno discursivo, y por ende modificable según su emisor, y como comunidad imaginada, comunicativa. Segundo, también esta coyuntura ha permitido ilustrar la flexibilidad de la nación y del discurso sobre ella, debido a su pertenencia dentro de la “estructura de sentimiento” actual, haciendo de ella una característica casi por completo transversal y, por ende, un objeto por el cual diversos intereses luchan; una idea sujeta, en resumen, a la pugna por la hegemonía de la sociedad.
[1] http://www.armasdelacritica.cl/index.php?option=com_content&task=category§ionid=2&id=3&Itemid=47, 6 de abril 2010
“La opinión contenida en este texto es de exclusiva responsabilidad de su autor”








La segunda parte es mejor que la primera. A modo de anécdota, las propagandas de ayuda a Haití se titulaban con el slogan de ayuda desde América a Haití…denotando la crisis institucional y la imagen de una nación qu no se puede ayudar a sí misma. Esto se condice con las primeras contradicciones en la información de los embajadores de Chile ante la ONU y USA, quienes afirmaron en un primer momento la innecesidad de ayuda externa a Chile. Ambos procesos: catástrofe y reconstrucción, están totalmente influenciados por tesis e ideologías de diversa índole que buscan clarificar la catástrofe como síntoma de una determinada visión. Un ejemplo particular de esto fue la declaración del canciller boliviano, que a partir de su visión aymara, fundamentando que el daño de Chile a la TIERRA era causa de todo esto. El canciller chileno no se inmutó ni molestó, es más, dijo entender las palabras dentro de una “cosmovisión” particular. En ese sentido, LAC y los empresarios tendría en común algo bastante obvio: la disputa será política y conllevará cruentas batallas de todo tipo. Lo más probable que todos tratándose de menos o más chilenos que el resto, ojo…no olvidar que nosotros estamos regidos por una constitución liberal (o neoliberal para ser m´s específicos). Asi que toda disputa rondará los conceptos y preceptos de esa idea de Nación…el resto, sólo tentativas de diversa procedencia para cambiarlo.
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