La Concertación Desconcertada
Por Nicolás Penna
El día lunes 27 de diciembre del presente año, Luís Larraín escribió una columna titulada “La Concertación Descconcertada”, en el diario “El Mercurio”. Dicha columna es una más de las tantas tituladas de la misma manera, que intentan explicar (desde la perspectiva de la coalición gobernante) la imposibilidad de la Concertación de poder rearticularse en torno a un proyecto político y discursivo en común. El concepto de “Concertación Desconcertada” tiene que ver con la notable disonancia de opiniones que se han observado durante en el presente año en dicha coalición política[1], que demuestran que existen visiones muy disímiles entre los distintos integrantes de los partidos políticos que la conforman, lo que complica su reposicionamiento como un referente no sólo de oposición (que es su posición natural actualmente), sino que también como un bloque político que tenga una capacidad proposicional importante.
Siguiendo con el diagnóstico que se ha realizado desde los distintos medios de comunicación (y desde los mismos personeros concertacionistas), uno de los elementos que explicaría claramente su derrota en los comicios presidenciales, ha sido su incapacidad de renovar generacionalmente a sus líderes, lo cual se reflejó en la candidatura de Eduardo Frei. Aquella derrota “generacional”, permitió que saltaran a los puestos visibles de la Concertación, las “nuevas figuras políticas”, encarnadas por Carolina Tohá, Ricardo Lagos Weber, Fulvio Rossi, Claudio Orrego, entre otros, en desmedro de los dirigentes concertacionistas de “primera generación”, como el mismo Frei, Camilo Escalona o Ricardo Lagos (entre otros).
La “nueva generación” de líderes concertacionistas, ha intentado realizar una diferenciación similar a la que se ha generado en torno a la “nueva derecha”: intentó dejar de lado el pasado histórico de la coalición (su nacimiento en tanto contraposición con la dictadura militar) para colocar en su lugar, una agenda política no gobernada por los “temas del pasado”, sino que con los elementos que configuran a la sociedad chilena contemporánea. Así, tanto la “nueva derecha” como esta “joven concertación”, intentó desenmarcarse de sus sustentos ideológicos clásicos basados en la contraposición democracia/dictadura: la democracia ya no está en cuestión y es aceptada (al menos discursivamente) por todas las partes.
Si realizamos una breve descripción de la “nueva derecha”, podríamos indicarla como una vertiente un tanto más liberal que la derecha clásica, teniendo influencias intelectuales y una formación político-ideológica más amplia que ésta. La “Nueva Derecha” deja al pensamiento de José María Escrivá de Balaguer (y por defecto, de Jaime Guzmán) en su individualidad, integrando las conceptualizaciones liberales de intelectuales de la talla de John Rawls y Guy Sorman (este último invitado hace poco a La Moneda). Esto implica darle un sustento teórico/ideológico mucho más fuerte a la Coalición por el Cambio, lo que le permite establecer un “proyecto histórico de sociedad” mucho más elaborado que su vertiente clásica pinochetista/guzmanista. La vertiente liberal en torno al individuo todavía no se ha desarrollado en esta “nueva derecha” chilena, puesto que el peso conservador de ésta está aún sumamente presente. Si bien hay atisbos de cambio en esto, la derecha todavía se considera el “faro de luz” de la nación, en tanto tiene el derecho y el deber divino de guiar a la sociedad por el “buen camino”. Dicho de un modo mucho más familiar, los individuos de la sociedad chilena no estarían listos para autogobernarse, sino que deben/necesitan una tutela, que estos “prohombres” estarían dispuestos a otorgar[2]. Es, de cierta manera, el ideario portaliano reencarnado y traducido, para ser puesto en práctica en el siglo XXI.
Sin embargo, y contrariamente al éxito del concepto de “nueva derecha”, la renovación generacional de la Concertación ha sido un completo fracaso. No ha generado debates ideológicos, ni tampoco ha generado propuestas de transformación social en torno a una renovación de su proyecto histórico. Su leitmotiv ha sido sólo cambiar a los viejos por los jóvenes, intentando “rescatar el espíritu de la Concertación”, pero sin indicar nunca cuál fue aquél espíritu que congregó a dicho sector político.
¿Cuáles podrían ser los elementos que generaron el fracaso en este bloque político? A mi entender hay tres elementos claves para comprender su fracaso. En primer lugar, la desconexión con la política de base. La Concertación, al haber ascendido al poder, se desprendió de las bases sociales (desarticulándolas a su vez) para realizar política, con lo que no sólo fue decayendo paulatinamente en apoyo popular, sino que no logró conectarse con las transformaciones socioculturales de la población. La importancia de la Clase Media en el discurso político —por ejemplo— sólo se vio reflejado en la discusión presidencial del año 2009, lo cual fue una inclusión casi forzada de un tópico que no se supo comprender ni capitalizar políticamente, dado a que en este sector social no existe una representación clara (y activa) de la Concertación. De hecho, éste grupo político se elitizó enormemente, y su base política en torno a su renovación generacional se sustenta en el respaldo de los familiares y descendientes de los fundadores del conglomerado. Lagos Weber, Toha, Orrego, son sólo un ejemplo del nepotismo concertacionista (“la gran familia”). Por tanto, no hubo ni se deseó la integración política con las bases, ni mucho menos representatividad de éstas en su propuesta política.
En segundo lugar, y muy relacionado con lo anterior, la Concertación —a diferencia de lo que sucedió en los 80— tuvo una gran desconexión con el mundo académico e intelectual. Si bien podemos encontrar figuras intelectuales importantes en la Concertación, su asociación con ésta es generalmente bajo la figura de “simpatizantes” pero no de activistas que generasen debates ideológicos dentro de los distintos partidos. La Concertación, así, asumió que desde el poder lograría comprender a la sociedad, utilizando al poder mismo para generar transformaciones en ella, desconociendo que la sociedad en sí es mucho más fuerte que las estructuras institucionales, y no responde necesariamente al llamado político (formal) para su articulación y cambio. Aún cuando la Dictadura logró, institucionalmente, transformar la raíz sociopolítica del país, ello fue una gran excepción dado a que se utilizaron métodos como la tortura y la desaparición de personas para realizar aquél objetivo.
El tercer elemento y fundamental que impediría que la Concertación se mantuviese en el poder indica que, al no lograr una identificación de las bases políticas (que no existían) con su ideario; que al no tener una perspectiva intelectual y académica crítica que fuese escuchada (no de una manera marginal, sino activa), se comenzó a diluir y a homologar en la praxis política con la Coalición por el Cambio (ex Alianza por Chile). El discurso Concertacionista terminó transformándose en una suerte de “superioridad moral” hacia la derecha, basada en su oposición a la Dictadura. Sin embargo, aquello no bastaba para mantenerse en el poder.
Es más. La “Concertación de Partidos por la Democracia” no hizo nada muy distinto que lo realizado por la Dictadura, en torno a la primacía de la Economía en el plano social. Al llegar al poder, apostaron a una estrategia reformista en torno a los elementos que habían fracasado en el gobierno militar (como la protección social, la disminución de la pobreza, entre otros), pero sin tocar en lo medular el modelo económico neoliberal. La estrategia de “libre-mercado”, según los nuevos gobernantes, “[…] surgía como el paradigma organizativo más apropiado en tiempos de globalización y descentralización, a pesar de su origen deslegitimado por la dictadura militar.”[3] Con ello, la Concertación privilegió el discurso técnico por sobre el discurso político. Aún cuando fuesen figuras políticas las que comandaran los distintos ministerios, los argumentos nunca fueron única y exclusivamente políticos, cuando había que tomar una decisión. Eso llevó a la gente a considerar que, tanto la Concertación como la Coalición por el Cambio, eran lo mismo, y que un cambio de gobernantes no iba a tener mayores cambios. Curiosamente, el argumento mayoritariamente utilizado por la gente para votar por Piñera, fue que la Derecha tendría un mejor manejo económico y que dicho manejo, permitiría mejorías económicas especialmente en los sectores medios de la población, los cuales habían sido dejados de lado en los gobiernos de la Concertación[4].
Todo lo anterior quedó plasmado simbólicamente, cuando el entonces presidente Ricardo Lagos Escobar, promulgó una reforma constitucional que, en sus palabras, “se pone a la altura del espíritu democrático de todos los chilenos; y hoy Chile se une tras este texto constitucional”[5], indicando además que aquella carta magna era “completamente distinta” a la legada por la Dictadura. Aquello fue un claro ejemplo del continuismo Concertacionista con el régimen militar, especialmente en lo económico y en la perspectiva “técnica” de gobernar.
Si volvemos a la arena política inmediata, curiosamente podemos observar que desde las mismas cúpulas políticas de la Concertación ya se ha dado por muerta la opción de la renovación generacional. La vuelta a la palestra del ex presidente Ricardo Lagos, como el principal articulador ideológico de la oposición, puede dar luces de lo que viene próximamente. Sin embargo, ¿esta vuelta a los orígenes logrará el éxito, tomando en cuenta los cambios culturales de la sociedad chilena? Habrá que esperar las próximas elecciones para verlo.
[1] La última de ellas, puede observarse en la discusión parlamentaria en torno a la nueva ley de educación que, paradójicamente fue aprobada por una gran mayoría. O bien en la aprobación del presupuesto del año 2011, que no consideró un reajuste salarial importante para los empleados públicos, rechazado paradójicamente por el Ex Ministro del Trabajo de la administración anterior.
[2] Encarnado en el discurso del “servicio público” de los mejores.
[3] Muñoz Gomá, Oscar. El modelo… op. cit., p. 97.
[4] http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2010/03/31/pinera-inicia-su-mandato-con-una-aprobacion-de-52/
[5] http://www.cooperativa.cl/p4_noticias/site/artic/20050816/pags/20050816125118.html


[...] This post was mentioned on Twitter by Catalina Brión. Catalina Brión said: RT @ccehistoricos: "La Concertación Desconcertada", por Nicolás Penna. Lean y comenten!… http://fb.me/JUwHzpqg [...]
Buen ensayo Nico, el análisis y la interpretación de lo que ocurre con la concertación me parece clave y un buen aporte, si además consideramos que el gobierno actual no se enfrenta a un bloque opositor sólido, sino todo lo contrario. Es preocupante por un lado observar la ausencia de un “nuevo” proyecto político en esa “nueva” generación que ya veremos si llega o no a relevar a la actual. En esas condiciones, si finalmente se produce el “anhelado” cambio generacional, seguirá siendo lo mismo aunque con rostros más jóvenes.
Saludos!
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