Inicio » Featured, opinión

De la Ciencia al Arte: Pequeña Critica al Sitial de la Historia

9 septiembre 2010 5.270 visitas 2 Comentarios

Por Julián Suzarte G.

En estos días, donde la diversidad de opinión es extrapolada a las realidades que detonan con la crisis  mapuche y medioambiental, cabe preguntarse contra que discurso totalizador se baten estas posturas discursivas.  En este sentido la historia, consagrada en las celebraciones del Bicentenario, tal como lo ha planteado Gonzalo Aravena por este mismo medio, juega un papel relevante como eje articulador de memoria e identidad. De esos no cabe duda y es precisamente la batalla por la memoria, en la conceptualización que nos entrego hace algunos años Maria Angelica Illanes, la que cobra especial relevancia a la hora de analizar qué papel juegan las directrices historiográficas donde se ha construido esa memoria e imagen identitaria.

Sin embargo esta columna no tiene como finalidad dirigirme a aquella batalla que con fervor se lucha tanto en este sitio como en varios otros. Mi intención es apuntar el disparo precisamente a esa labor que tiende a situar al relato historiográfico como preponderante en la formación y desarrollo de la(s) memoria(s) e identidad(es) social(es). Mi misión descansa en tergiversar un poco aquel espirituoso pilar donde se construye la idea fuerza de la competencia objetiva de la historia frente a otras artes respecto a estos elementos.

Si la historia como discurso ha ejercido una influencia dentro del abanico de posibilidades de construcción del ethos social (sea este como fuera), su maquinaria se ha movido hacia una profunda cientificidad, con una apropiación de la verdad como eje articulador de su base argumental. En este sentido todo lo que pueda ser historia, debe de construirse sobre una base disciplinar que ejerce una presión respecto al autor al tener que fundamentar todo su relato a partir de cuestiones “demostrables” a un extraño. El neto carácter de veracidad hace que el ejercicio de la historia -como relato-, pierda contenido al acercarse a formas más elaboradas de producción científica: el esclarecimiento de una problemática, la búsqueda de hipótesis, una base argumental (o de fuentes) que acompañe una demostración y, finalmente, una elaboración teórica acerca del pasado que pueda ser fuente de argumentación acerca de problemáticas contemporáneas[1].

A pesar de que todo esto se ha ejecutado como plataforma de desarrollo de la disciplina a lo largo de ya varios siglos, la realidad –diversa y compleja- invita a repensar que la validez de aquella solidez de la historiografía descansa sobre talones de barro. Me explico.

La literatura, y especialmente los estudios de la memoria, invitan a repensar estas directrices. Primero por que ponen en duda la exclusividad de la historiografía como forma de construcción de memoria e identidad social y, como segundo, porque rescatan el elemento ficcional como forma de construcción de estos componentes. Estos estudios críticos han tendido a explicar el desarrollo de la obra literaria como una mezcla compleja entre dinámicas basadas, por un lado, en la individualidad del autor y su propia experiencia con respecto al mundo que lo rodea y, por el otro, en la conjugación que ese mundo –aquel ethos social- ha conjugado respecto a su obra. De esta quimera nace una forma de discurso que ejecuta una labor que muchas veces los historiadores, anclados en las fuentes archivísticas, en los periódicos y en los relatos de vida, no toman como eje revelador de formas de comunión de la sociedad en su conjunto.

A lo que finalmente voy es que la Historia, como relato con bases argumentales de la verdad y ya no como formas de relación ficcionales, basadas en una axiomática imagen de que existe una realidad que puede ser comprensible mediante el desarrollo científico, ha tendido a desestimar otras formas de aproximación y aglutinamiento de la memoria.

En este sentido pienso por ejemplo en los relatos que aparecen en las obras de Orhan Pamuk respecto al choque cultural entre Occidente y Oriente(musulmán) en su Turquía natal[2]; en la prosa existencialista que reproduce en alguna magnitud el totalitarismo soviético sobre Checoslovaquia, de Milan Kundera[3]; o, en el plano nacional, las armonías y personajes que se cuecen en el espacio del barrio Franklin, en la obra de Carlos Sepulveda Leyton[4]; la seguidilla de aproximaciones a nuestros más horrorosos defectos con la obra de Jose Donoso[5]; e incluso, la visión del desarraigo como manifestación identitaria en la obra de Bolaño[6].

En cada una de estas obras se conjuga una manera de comprender y percibir el mundo que, además de ser propia del autor, hace manifiesta una forma de entablar un mensaje identitario e histórico: en ellas se moldea una caracterización propia de la vida social que es necesario destacar en un momento definido. Y esto también es aplicable a otros tipos de manifestaciones artísticas como la pintura, el cine, la música, la arquitectura, etc.

Por ello, y ya para finalizar, conceder a la historia el canon de eje axiomático donde se libran aquellas batallas por la memoria, hacer de ese enfoque “la única verdad plausible”, sea tanto por su forma de trabajo con la “veracidad argumental” como con la labor metodológica que dentro de ella se infunde, sería menospreciar el trabajo que por otras corrientes dan vida a una manera menos “científica” de construir la memoria e identidad en lo social.

Puede ser que si dejamos de estimar tan en alto el relato científico dentro de la historia, y hacemos que la disciplina tienda a ampliarse a nuevas formas de desarrollar aquel relato, nacería la victoria de un discurso más valido y representativo a nivel social.


[1] En este sentido las problemáticas son siempre ceñidas a una realidad contemporánea, puesto que el autor “dialoga” con las fuentes en un afán de comprensión de ciertas directrices del pasado que hagan transformable el futuro a la sazón de lo presente. Obviamente este es un eje axiomático en la disciplina como ciencia.

[2] Pamuk, Orhan. Nieve. Editorial Alfaguara, 1998.

[3] Kundera, Milan. La Insoportable Levedad del Ser. Ediciones Tusquets, 2006.

[4] Sepulveda, Carlos. Hijuna. 1934.

[5] Donoso, Jose. El Obsceno Pajaro de la Noche, 1970.

[6] Bolaño, Roberto. 2666. 2004.


También puedes ver

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (2 votes, average: 4,00 out of 5)
Loading ... Loading ...

2 Comentarios »

  • Felipe Delgado dijo:

    no reduzcamos todo el quehacer historiográfico a la reconstruncción de la memoria, buscando o justificando meramente su utilidad dentro de la sociedad actual. Como claramente lo manifiesta este articulo, el rescate de la memoria puede ser una tarea que perfectamente puede recaer en otras disciplinas como la propia literatura o las artes. Habitualmente las nuevas generaciones de historiadores se enmarañan en interminables disquisiciones y exégesis tratando de justificar la “importancia” de la historiografia en la actualidad, yendo desde la reconstrucción de la memoria, pasando por insistir en ser “la voz de los que no tienen voz”, hasta llegar a transformarse en una herramienta de mera justificación política. A mi parecer, el rol social de la historiografía esta depositado en su rol educador, y si no fuera asi que problema hay en que la historiagrafia sea una actividad meramente intelectual por el simple goce de adquirir y construir conocimiento. Además reconozcamoslo la historia esta muy rezagada en relación al aporte que realizan a la sociedad, y mas precisamente a las personas, las ciencias naturales o exactas. Por eso creo que esa brecha insalvable que se instala entre las ciencias duras y la historia ha tratado de ser acortada por esta última revistiendose del metodo científico, el cual le pueda dar rigor, exhaustividad y validez frente a la comunidad cientifica y a gran parte de la sociedad.

    gracias.

  • Nico Penna dijo:

    Felipe:

    Yo no creo que la columna de Julián vaya por el sentido de darle mayor peso a la reconstrucción de la memoria. Yo creo, y es mi percepción del asunto, es que se ha sobreidealizado el “concepto de ciencia” desde las humanidades y ciencias sociales en general. Esta idealización, desconoce que la misma ciencia dura ha considerado algo sumamente básico en su accionar: que existen presupuestos que están al margen del método científico. En primer lugar, ¿cómo explicas el estudio o negación de un tema en particular? En las ciencias duras no es nuevo que algunos tipos de estudios no se realicen porque pueden ser “peligrosos” para algunos grupos de poder dentro de la misma ciencia (¡grupos de poder en la biología!). Es una cosa tan simple como observar los estudios que indican que la píldora del día después es abortiva o no ¿Cuál es el punto de vista que valida una o niega otra?

    No compro, bajo ningún punto de vista, esa perspectiva que indica que la “historiografía es una actividad meramente intelectual, por el simple goce de adquierir y construir conocimiento”. Lo siento, pero creo que ese reduccionismo argumentativo es demasiado vago: siempre, aún cuando “gocemos” por un tema u otro, existen motivaciones para ello. Si no podemos conocer nuestras motivaciones por uno u otro tema, es porque no nos conocemos a nosotros mismos como “intelectuales”. Por ejemplo, si desarrollo un tema en específico, “la cocina chilena en la historia”, porque es un tema no explorado, indmediatamente pensaré que quien lo desarrolla no es una persona que tiene ganas de aprender recetas de cocina. Quizás sí, pero también quiere adquirir cierto poder en el campo académico apropiándose de un área poco explorada y validando su investigación frente al resto bajo el parámetro de lo novedoso. O, si vamos más lejos, podríamos incluso decir, que esa persona quiere validar su sobrepeso bajo una perspectiva historiográfica. Qué se yo! Pero darle una condición ingenua al conocimiento historiográfico, me parece algo preocupante que lleva al ombliguismo intelectual. Y en el ombligo siempre se puede encontrar una pelusa.

Deja tu comentario acá

Agrega tu comentario, o trackback desde tu sitio. También puedes susbribirte suscribirse a los comentarios via RSS.

Se educado y agradable. Por favor, mantengamos el sitio libre de spam.

Puedes utilizar los siguientes tags:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Nuestro sitio soporta Gravatar. Para obtener tu imágen, visita Gravatar.