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Del oficio del Historiador

7 enero 2011 2.696 visitas 9 Comentarios

Por Juan Maureira M.

A pesar de que me licencié en Historia nunca tuve buena memoria. A menudo cuando comento mi título con conocidos o por conocer, piensan que por ser licenciado en Historia tengo una excelente memoria, como si fuese consecuencia directa de la lógica: pasas=buena memoria=historiador. No, no tengo tan buena memoria, al menos para quienes consideran que por ser egresado de historia uno es una especie de almanaque, una gran enciclopedia que es capaz de retener una base de datos enorme de fechas, lugares, batallas, y apellidos de gente importante.

De esa memoria, no puedo jactarme demasiado. Hay otras formas de memoria, claro, pero no quiero usar este espacio para hablar de eso, ni mucho menos empezar a citar. Hoy, como tengo poco tiempo prefiero escribir sin citas, sin notas al pie y sin formato. Sí, y es una excusa sincera para no complacer al mundo académico.

Esta memoria difusa que a veces me impide recordar con claridad el enorme flujo de información que viajó desde decenas de libros que leí durante la carrera (y que dudo haber leído con tiempo y en su absoluta totalidad), me trae a la mente aquellos libros de teoría y metodología, con títulos del tipo “sobre el oficio del historiador”, “formas de historia”, “historia e historiadores”. Esas obras, hablaban sobre la evolución de la historiografía y su práctica, especialmente de los avances en términos teóricos y metodológicos que contrastaban de la historiografía decimonónica. Esta nueva historiografía nos hablaba de una nueva forma de observar el mundo, de considerar nuevos sujetos y perspectivas, y de ampliar nuestra mirada histórica, para comprender el presente y aportar para el futuro.

Son gratos recuerdos esos libros, y hasta inspiran admiración por aquellos hombres y mujeres que enfrentaron los cánones para plantear nuevas discusiones, y permitirnos hoy disfrutar (realmente disfrutar) de una historiografía rica y variada, que aún con mucho que complementar, dista de aquella aburrida y monolítica historia de las élites del mundo. No se trata sólo de entretención, los aportes de la historiografía “nueva” han sido determinantes para posicionar una nueva forma de observar la realidad desde una perspectiva histórica amplia y coherente.

Así las cosas, el historiador ha dejado de ser la imagen viva de un intelectual superior perteneciente a esa elite y ha sido reemplazada por la del “cientista social” que forma parte de una amplia academia de investigación y producción de conocimiento. Por supuesto, hoy gozamos de mayores libertades, ya no tenemos que cuidar la objetividad y la neutralidad, podemos posicionar ideas y hacer explícito un compromiso político. Después de todo, podríamos decir que se están superando algunas hipocresías del rubro.

No obstante, limitar el panorama a esto, es equivalente a pintar el camino color de rosas. Aceptémoslo, no somos el diamante en bruto de nuestra sociedad, ni estamos realizando grandes aportes para construir un mundo más justo. El “oficio” del historiador, hoy por hoy, se limita al claustro intelectual de la “producción” de conocimiento. Producción para producir más producción. Con esto no quiero ser injusto, que no se me mal interprete, no es una afrenta contra la producción, es una crítica a la imposibilidad de pensar el oficio más allá de la investigación productiva. Tampoco me olvido de los profesores universitarios, quienes tienen la bondad de, además de producir, transmitir dichos conocimientos, y muchos de ellos lo hacen con enorme entereza y destreza.

El problema es que dichos conocimientos no se transmiten sino a un grupo de potenciales nuevos productores, y los que no, que se dediquen a transmitir, y los que no… es problema de ellos. Entonces no logramos salir de ese círculo virtuoso o vicioso (juzgue usted). Así, el oficio del historiador, o planteándolo de otra forma, el futuro ofrecido a un estudiante de historia promedio se limita a: profesor, investigador o cesante Ilustrado (esta última es una oferta implícita).

Hablar de la apertura de dichos campos es un tema tan complejo que da para otra columna. Baste mencionar que apenas un puñado de egresados logra vivir de la investigación, otro puñado tiene recursos para sustentar su formación de posgrado, y un puñado menor aún consigue becas. La carrera de investigador no es para todos, y hoy por hoy es incluso excluyente y clasista. La pedagogía en cambio tiene un campo laboral más amplio, pero aún así limitado y menos valorado social y económicamente.

A mi juicio, el asunto es grave: ¿Tan limitada es la historia, que apenas nos sirve para “producirla” y enseñarla? ¿Es que acaso no podemos concebir otros “usos” de la historia?

De lo anterior, pienso en los casos de historiadores que optan por dedicarse a otros “oficios” y el entorno, sólo por ello, deja de llamarles “historiadores”. Baste decir que en general, un profesor de colegio dejó de ser historiador al momento de decidir dedicarse a enseñar. Un político formado en historia, es un político antes que un historiador; un activista formado en historia es un activista, antes que historiador. Mientras, un médico puede ser político y sigue gozando el tratamiento de doctor, como el ingeniero y el abogado. ¿Por qué separar a la historia y al historiador del contacto con la sociedad, de la enseñanza escolar, de la política, del trabajo social? ¿Por qué seguir excusándonos con que “eso es trabajo de otras disciplinas, si hoy por hoy otras ciencias sociales ha logrado volcar sus conocimientos en un terreno más práctico y aplicado?

Estas palabras son una invitación a pensar en ello. Si tanto estimamos la historia, ¿Cómo no logramos proyectarla más allá de los “oficios” tradicionales ligados a ella?

Por mi parte, creo que la historia es un mundo de posibilidades que podrían ser perfectamente volcadas en proyectos de acción social y cultural que además generen una revalorización social de la disciplina. Es cierto, no hay muchos modelos existentes, no hay fórmulas, pero es un desafío para comenzar a construir un “oficio” del historiador más amplio y conectado con las necesidades de la sociedad en la que está inserto.

Por ahora, me permito sugerir que las universidades y carreras de Historia dejen de ofrecer tan limitado panorama, e inviten a sus estudiantes a desarrollar herramientas y formas de llevar la historia a nuevos planos de acción y construcción. Una buena iniciativa sería incorporar cursos sobre gestión de proyectos, trabajo social, acción cultural, entre otras. Para ello es necesario también mejorar e intensificar la integración con otras disciplinas que han avanzado más en ese plano. Con ello, al menos las escuelas de Historia estarían en condiciones de entregar más y mejores herramientas a sus estudiantes, ofreciendo también un panorama laboral más amplio.

En definitiva, no se trata únicamente de “perfeccionar” la disciplina, sino de comprender que todos los profesionales, especialmente aquellos que egresan de universidades estatales, tenemos el deber ético de retribuir a la sociedad esa condición de “ser profesional”, que se nos brindó a través de subsidios, becas, o sencillamente gozando de oportunidades que otros no tuvieron por causa de las desigualdades, la exclusión y la discriminación. La historia nos ha brindado la posibilidad de observar el mundo desde un amplio horizonte, necesitamos que ello se traduzca no sólo en más conocimientos, sino también en enseñanza comprometida, en proyectos sociales, en políticas públicas y en tantos otros campos en los que podemos desempeñarnos y a los cuáles sería posible realizar valiosos aportes.

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9 Comentarios »

  • ana maria rodriguez sierra dijo:

    Creo que parte del problema que se plantea es que todavía en Chile el título de Licenciado en Historia es pensado como Profesor de Historia, y aunque se intentan marcar ciertas diferencias, estas en el mundo exterior a la academia no son del todo comprendidas. Yo soy colombiana y vine a Chile a hacer un Magíster en Historia, mi título es Historiadora y tuve la oportunidad de trabajar en una ONG en Chile. Las puertas para que se abran hay que tocarlas y depende de nosotros los mismos historiadores que ya estamos formados abrirnos nuestros propios campos, quizá a la formación de la licenciatura en Chile le falta interdisciplinariedad, no lo sé con certeza, pero creo que los historiadores tenemos que valorar nuestro oficio y trazarnos nuestras propias rutas, el historiador puede hacer trabajo social, puede hacer trabajo sociológico, incluso antropológico, puede hacer trabajo en las áreas de Patrimonio, en conservación documental, en creación y mantención de archivos, hay muchas posibilidades, no creo que el campo sea estrecho, es una carrera que se puede enfocar de muchas maneras, solo no hay que dejarse encasillar y abrirse campo.

  • Juan Maureira dijo:

    (Copio la respuesta escrita vía facebook.)

    Ana María, gracias por mencionar tu caso, es un claro ejemplo de lo que se plantea. En mi caso personal, yo participo en esta ONG (la CCEHS y en la AFDD de Paine, de Derechos Humanos) Conozco también a un montón de historiadores que se han internado en ámbitos distintos a la academia. De todas maneras, creo que al menos en Chile, uno de los problemas es lo que tu interpretas: A las carreras de Historia les falta integración con el resto de las ciencias sociales, y especialmente entregar más herramientas para trabajar en otros ámbitos, puesto que lamentablemente, teniendo únicamente formación en investigación, es difícil llegar a trabajar en instituciones públicas u organizaciones sociales que demandan otro tipo de calificación. Naturalmente, recojo lo que tu mencionas, ¡es nuestro deber abrir esas puertas y ampliar nuestro campo de acción! Un Abrazo!

  • Valentina Verbal dijo:

    Estimado Juan:

    Me encantó tu columna, me sentí muy identificada.

    Justamente, lo medular de tu reflexión la he estado pensando en el último tiempo. En primer lugar, en cuanto a qué significa ser historiador. Un profesor decía que historiador es aquel que ha producido, publicado. Otro más exigente decía que historiador es quien hace un aporte “interpretativo” a la historiografía.

    En segundo término, porque he pensado que los historiadores (al menos, todavía en Chile) no nos sentimos interlocutores de nuestro presente. Es verdad que cada vez más se habla de historia del o desde el presente, pero son pocos los historiadores que, realmente, dialogan con la actualidad. Y éstos son como seudo historiadores, como historiadores “impuros”, que se han desviado de su pertenencia (“natural”) con el pasado. Nuestra opinión vale, sabemos que el mundo no comenzó ayer y que nada nuevo hay bajo el sol.

    Yo estudié Licenciatura, porque quiero ser historiadora. Aún pretendo perseverar en eso: en la idea de investigar y escribir. Sin embargo, y peses a mis notas muy buenas (sobre 6), no pude iniciar una “carrera” en esa línea. Este año entraré al Magíster en Historia en la U. Chile y espero retomar este camino.

    Y la necesidad de sustentarme me puso en el camino de mi vida un trabajo en una ONG. ¿Y sabes? El trabajo es muy entretenido. Trabajo temas sociales, muchos temas que perfectamente se pueden proyectar en investigaciones históricas. Por ejemplo, he estado trabajando en el tema del reconocimiento de los afrodescendientes y esto me ha llevado a la historia de ellos en la Independencia, en el ejército, etc. También hay muchos temas de los últimos 20 años, en los que he trabajado, a los que se les puede sacar punta historiográficamente. En fin.

    Quiero decir que la vida, trabajar en otras cosas ayuda para nuestra disciplina si queremos perseverar en ella. Al menos, como Philippe Ariès, como él decía, podemos ser “historiadores domingueros”, y auque estemos fuera del establishment académico. Y, por otra parte, al trabajar en otras cosas, gracias a nuestra disciplinas, podemos hacer grandes aportes: somos rigurosos, investigamos las cosas, vamos a las “fuentes”, etc. Podemos aportar mucho en el terreno social, de ONG’s, por ejemplo.

    Cariños.

    Vale

  • Jorge Salas dijo:

    Las opiniones de todos los anteriores comentarios, si dan cuenta de ello, van todos en la misma línea. El esfuerzo personal, sólo el individual genera recompensas: golpeemos puertas, trabajemos en ONG’S, en proyectos sociales.
    Cuándo yo decidí estudiar historia y dos años de salir sigo con el mismo semblante; mi profesor de historia de 3º medio nos llevo dentro del electivo de historia a “conocer” Villa Grimaldi en Peñalolen. Nos contó que había ocurrido allí; al curso que eramos de 15 en el electivo nos “pegó” esto. Pero lo más extraño es que al salir de allí, en frente de éste ex campo de tortura hay un hipermercado y la gente pasaba y pasaba sin ni siquiera hacerse la idea de lo que allí había pasado. Pero cada vez que pasan frente a una iglesia el signo de la cruz no se hace esperar.
    ¿Qué quiero decir con esto? Que aquí las opiniones vertidas en torno a la columna son sobre el futuro a seguir y la falta de oportunidades que entrega ésta carrera, para la pregunta debe ser: ¿Por qué ser historiador -sabiendo los contras aquí expuestos-? y por sobre todo: ¿Por qué y para qué escribir historia? No quiero parecer romántico ni nada, menos un “activista” como aquí plantearon, pero eso del esfuerzo personal y el golpear puertas es para unos pocos también, que a su vez deben amoldarse para poder participar de dichas instancias (no cualquiera trabaja en Green Peace, en Libertad y Desarrollo, o en Talleres de Educación Popular; todos tienen una clara línea ideológica y teórica de la cual hay que hacerse participes), por ende mi lógica va en el camino de saber porqué queremos dedicarnos a éste oficio y no tanto que nos deparará el futuro.

    Saludos a todos!!

  • Juan Maureira dijo:

    Hola Valentina!

    Muchas gracias por tu comentario!! en general me sorprendió la acogida de la columna. De alguna manera hay una sintonía con un sentir común (no sé si generalizado) en relación al rol de los historiadores/as y las formas de oficiar con la Historia como herramienta en mano. Gracias por compartir tu experiencia en esa línea, que de alguna manera hace extensible la columna en ejemplos prácticos a los que quise hacer alusión.

    Jorge, desde ya también un abrazo y el agradecimiento sincero por tu comentario!!!.

    No obstante, me permito discrepar de tu opinión aclarando quizás algunas cosas que, entiendo, pueden haber sido mal interpretadas. Con esto espero poder ampliar el comentario de Valentina también.

    En primer lugar, mi reflexión no apunta a desconocer el oficio “tradicional” del historiador que se de leer/escribir historia. (producir y transmitir, sería otra forma de verlo), sino a cuestionarnos si efectivamente los límites de la utilidad de la Historia como disciplina se terminan allí. La intención de mi columna no puede estar más alejada de la interpretación de que el únicamente el esfuerzo individual únicamente generará frutos (en ese caso mejor ni molestarme en escribir), por el contrario es un llamado a la comunidad “de Historia” a pensar en conjunto, en cómo ampliar la visión y saber proyectar la disciplina hacia otras áreas en las que el Historiador hoy por hoy, no se entromete y/o no es competente. Hoy, por más los licenciados en historia quieran trabajar en otras áreas fuera de la investigación, no están capacitados para ello, y es esa la gravedad del asunto.

    En cuanto a la pregunta ¿Por qué y para qué estudiar historia? ¡Por supuesto! es más que necesaria! ¿Qué sentido tendría entonces dedicarse a la Historia?. ¿Pero luego? ¿no deberíamos también preguntarnos “Cómo”?.

    A partir del ¿Cómo? es entonces donde debemos centrarnos en lo del “oficio”, ¿Cómo deben trabajar los/las historiadores/as?. ¿Cuáles son las herramientas que disponemos para lograr ese Para Qué, al cual haces referencia? La realidad es que actualmente, las únicas herramientas que dispone un historiador recién egresado es la capacidad de investigar y enseñar. ¿Por qué no incursionar no sólo en proyectos sociales, sino también en otros aspectos, acción cultural, políticas públicas, ámbito privado, etc.?

    Esta inquietud no solamente surge por una cuestión de futuro laboral, sería demasiado egoísta limitarlo a ello. Ese es apenas un factor, porque precisamente pienso que debemos cuestionarnos qué aportes concretos estamos haciendo a nuestro país, a nuestra sociedad, a nuestro pueblo, que es el que financia la subsistencia de una academia investigadora a través de fondos públicos de proyectos de investigación y becas de formación de postgrado. En qué medida retribuimos, a quienes no pudieron estudiar por falta de oportunidades nuestra dicha de tener acceso a un conocimiento privilegiado. ¿Cómo estamos pagando a la sociedad que subsidia privilegio?

    Por último, en relación al trabajo en ONGs o proyectos sociales, la verdad es que estoy en desacuerdo. No es para unos pocos, muy por el contrario de tu observación, la realidad es que las ONGs hoy en día requieren cada vez más de voluntariados, pasantías y personal calificado para entrar un “mercado” del ámbito público extremadamente competitivo (es una pena que sea así, pero es la realidad) De todas maneras, lo de amoldarse es cierto, porque la única forma de no “amoldarse” es trabajar en forma independiente en una carrera autónoma de investigación casi autosustentada. Cada vez que trabajamos en equipos, en colectividades, en instituciones, hay que amoldarse a ellas, por eso la clave está en saber elegir y desenvolverse, para que ese “amoldamiento” esté dentro del sentido que buscas en tu vida. (No es coherente pensar en cambiar el mundo, y querer hacerlo en soledad) Después de todo, hay que “amoldarse” para trabajar en un Colegio, en el Estado, en ONG, e incluso en las universidades, que también exigen (implícita o explícitamente) abstenerse a un marco ideológico.

    Gracias por los comentarios, ojalá el debate continúe. Saludos!!

  • Jorge Salas dijo:

    Gracias Juan por tu respuesta.

    El ¿Cómo? tengo completo acuerdo en el sentido del desarrollo de ésta disciplina. El cuestionamiento que a mi surge en el rol del historiador en la sociedad como tu planteas; es el papel que juega éste como intelectual: desde la plaza pública o desde el escritorio. Y es allí, como tú lo señalas, diferimos en algo en nuestras opiniones (que no son en lo absoluto insoslayables).
    Con la reforma que impulsa éste gobierno de derecha de disminuir las horas de historia (con lo cual genera una merma incuestionable en el mercado laboral tanto de profesores como de investigadores, puesto que los primeros intentarán generar ése ingreso extra por medio de investigaciones pequeñas) es un golpe claro a ésa capacidad de pensar y reflexionar sobre el pasado, no en calidad de erudito, sino que en calidad de actor resultante de ésa historia que nos acontece. Como bien se ha dicho: un hombre se parece más al tiempo que le toco vivir que a su propia familia. Por tanto el desconocer ¿cómo se llego a vivir ése tiempo? deja un verdadero limbo y vacíos claros que no ayudan en nada en el progreso de la sociedad.

    Y aquí nos detenemos en un punto más que importante, que para mí radica el problema fundamental de lo que he planteado; el rol de historiador como intelectual en la sociedad. Porque ésta se rige bajo ciertos marcos ideológicos, teóricos, políticos, económicos y sociales claros (como lo señalas tú Juan, por ejemplo en la ideología de las universidades: no es lo mismo un historiador de la UC que uno salido de la ARCIS, las diferencias son apremiantes). Y es allí donde me cuesta entender y asimilar lo de tu interesante columna que abre el debate y que yo contra pregunto: ¿para qué y el por qué estudiar, escribir y enseñar historia? Y como no partimos nunca desde un solar vacío, cito: “muchos filósofos se han encargado de interpretar el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. Resulta innecesario señalar la fuente, pero es allí donde nos estamos quedando cortos sobre nuestro papel en la sociedad.

    Nuestro aporte en distintas ONG’s trata de servir de puntal de apoyo para ése cometido, pero a mí entender no está otorgando los resultados necesarios para el objetivo que nos podemos poner como historiadores-intelectuales de la sociedad. Caso que siempre me ha llamado la atención es de la corriente fundado por el historiador Gabriel Salazar y otros: La Nueva Historia Social, que apunta a poner la historia al servicio del pueblo para su desarrollo y libertad. Pero cualquier persona común y corriente, alfabeta, lector habitual: no entiende en absoluto alguna de las producciones de ésta Nueva Historia, como señala tú mismo artículo; nos vemos encerrados en un mismo círculo una y otra vez.

    Entonces mi reflexión apunta al rol que queremos cumplir en la sociedad; como interpretes de una realidad o transformadores de ella; y por el momento todo apunta a que nos hemos conformado con ser lo primero. Gracias a las clases de historia en los colegios es que se mantiene la cohesión social… pero eso es parte de otro debate.

    Nuevamente te agradezco tu respuesta y por sobre todo el espacio para éste sano debate.

    Saludos a todos/as!!!

  • Juan Maureira dijo:

    Estimado Jorge:

    Primero que todo, mis disculpas por la demora en la respuesta, pero dicen que más vale tarde que nunca, y pienso además que estos comentarios armaron una discusión interesante y enriquecedora. Gracias!

    A partir de tu último comentario puedo ver que estamos más de acuerdo que en desacuerdo. En efecto, interpelaste al “rol” del historiador en muy buenas preguntas: ¿desde la plaza pública o desde el escritorio? ¿como interpretes de una realidad o transformadores de ella?

    Lástima no haber contado con tu opinión antes de escribir la columna, porque con esas preguntas se hubiese dado un excelente punto de partida. No obstante, (perdón de paso por si no logré expresarlo bien) la reflexión apunta precisamente en ese sentido: Es que la cuestión central aquí no es dónde, cuándo, y cómo queremos trabajar en el futuro, ni cuánto queremos ganar o perder; sino que, -efectivamente y en línea con lo que planteas- se trata de qué rol queremos cumplir en la sociedad y cómo estamos trabajando para que ello se concrete.

    Por ello es que la columna no se cierra en trabajar en ONGs. Insisto, no es donde trabajemos, sino el cómo hacemos nuestro trabajo lo que importa. Muchos historiadores hoy trabajan en ONGs cumpliendo su rol tradicional (a lo que tu haces una buena alusión con el ejemplo de G. Salazar), pero ello no ha logrado que salgamos del círculo de producción de conocimiento. Este ejemplo podría aplicarse en cualquier instancia: Colegio, Universidad, Estado, ONG, etc.; por ello es que dejé también como reflexión final el discurso de Salvador Allende, respecto a la necesidad de profesionales activos, comprometidos con una transformación social.

    Entonces, a tu pregunta, yo al menos me posiciono sin miedo: Desde la plaza pública y como transformadores de la sociedad. Bien. ¿Cómo logramos eso? Abriendo nuevos espacios y adquiriendo nuevas herramientas para la acción política, social, cultural, económica, jurídica, etc. Dejémonos de estar encerrados en el “mundo de la Historia” para aterrizar en el mundo real, el mundo de “cualquier persona común y corriente”, porque ese también es NUESTRO mundo. Yo pienso que no somos intelectuales ni iluminados, y que las eternas teorizaciones y nuevas producciones quedarán empantanadas en la imposibilidad de darles sentido ni aplicación en el porvenir práctico de la sociedad, a menos que impulsemos una integración efectiva no sólo con otras ciencias sociales, sino con la propia realidad.

    En definitiva, las preguntas siempre despiertan buenas discusiones, y no es excluyente preguntarse ¿Por qué y para qué? del ¿Cómo y cuándo? lo importante es no conformarse con la inercia en que se desenvuelve actualmente la Historia como disciplina.

    Un Abrazo y gracias nuevamente!!

    RELACIONADO CON LA COLUMNA Y EL DEBATE, Comparto un artículo que me envío una amiga de Colombia (es abogada) respecto a la producción de conocimiento (Gracias para Melissa Quintana!):

    LA IGNORANCIA DE LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO.
    http://www.scribd.com/doc/9000810/Robert-Kurz-La-ignorancia-de-la-sociedad-del-conocimiento

    PS: Ojo que aunque la columna salió de portada, la discusión puede seguir.

  • Mario Valdés Urrutia dijo:

    A propósito de las reflexiones de Juan Maureira y el oficio de historiador.
    Comparto en gran medida la necesidad de abrir el campo del trabajo en Historia a otras áreas e instituciones. En efecto, las posibilidades de salida para una carrera como Licenciatura en Historia son reducidas.
    Aunque veo difícil que una institución como la universitaria “empuje” a sus egresados hacia organizaciones no gubernamentales, y privilegie lo que todos sabemos (la “salida” a realizar estudios en la Academia Diplomática o en otros programas de postgrado), debiéramos debatir más el punto; pero también golpear las puertas de los municipios, las iglesias, los partidos políticos, los sindicatos u otros “grupos de presión” donde es factinle que un licenciado en Historia se desempeñe ejerciendo un papel en el manejo de archivos, o siguiendo las distintas políticas – y sus protagonistas – para ayudar a asesorar a quienes deben estar actualizados en esos temas en la producción o generación de políticas o debates públicos, entre otros temas.
    Desde el ámbito universitario han faltado esfuerzos de gestión para ayudar en esta perspectiva de abrir puertas de empleo a sus egresados. Yo conozco que esa no es la función de la universidad pero debiera abordar con mayor profundidad el tema.

  • Katherinne Brevis dijo:

    estimados: considero de vital importancia que este debate se siga dando en otros espacios, mas abiertos quizás, para que así el ser historiador o historiadora deje de ser parte de una utopía. Acabo de salir de la carrera de Licenciatura con una tesis, que según varios de mis profesores era inadmisible como lo es la “represión política en zonas rurales de la provincia de bio bio”. pese a esto, firme a mis convicciones logré titularme, pero debido a haberme desarrollado en un circulo academico donde esto es un tema prohibido y no academico, me encuentro sin contactos ni lugares donde poder tocar la puerta, y es triste pensar que como ultima opción jugarás practicamente a ser docente, porque es lo que queda, no es justo para nuestroa alumnos ni para nosotros, pero entonces qué hacer?
    saludos a todas y todos!!

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