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Desarrollismo y nacionalismo en el cartel estatal durante la Unidad Popular

27 julio 2010 1.111 visitas 2 Comentarios

Por Renato Hamel Alonso.

figura 1

En columnas anteriores, he comentado de qué manera el modelo económico desarrollista, impulsado desde fines de los cuarenta por la CEPAL, se podría haber relacionado con el nacionalismo estatal. En la presente columna, se analizará hasta qué punto tal relación teórica pasó al plano concreto, utilizando afiches de la Polla Chilena de Beneficencia lanzados durante el gobierno de Salvador Allende. Lógicamente, el carácter limitado de tal corpus impide extrapolar conclusiones más generales, pero ciertamente servirá como indicador de, por lo menos, una tendencia.

Como se ha señalado, el desarrollismo condicionó la aparición de “presiones histórico-estructurales” para que el nacionalismo estatal chileno de la época se definiera en esos términos. Esto implica que, en teoría, los mensajes emitidos desde el Estado idealmente tenían que cumplir con dos tipos funciones generales.

En primer lugar, se necesitaba redefinir los términos de la identidad chilena, articulándola con una identidad latinoamericana de carácter periférico, en oposición a un centro económico que posibilitaba tal condición. También era necesario que la identidad chilena se percibiera como parte de un contrato social para legitimar la acción estatal. Asimismo, era menester resignificar el interés nacional en torno a un proceso de industrialización.

En segundo lugar, era necesario apelar a la identidad chilena para incrementar el consumo de bienes chilenos y para asegurar legitimidad al rol solidario, redistribuidor y empresarial del Estado. ¿Hasta qué punto respondió el contenido de los mensajes estatales a estas presiones y no a otras?

En la Figura 1, un afiche de la empresa del Estado Polla Chilena de Beneficencia, del 11 de febrero de 1971, se puede ver claramente el uso de la identidad chilena, gracias a la presencia de la bandera. Evidentemente, esto puede interpretarse como una identificación entre la identidad chilena y el mensaje mismo del afiche.

En el afiche se nota el texto: “Con el pueblo y el plan nacional de leche venceremos la desnutrición. Servicio Nacional de Salud.” Es gracias a la movilización nacional – a través del Servicio Nacional de Salud – que se puede vencer la desnutrición. Pero esta no es una lucha contra la desnutrición mundial, sino la chilena.  Por otra parte, se puede observar una tímida convocatoria de clase, con la inclusión del hombre portando una pala, elemento productivo típico.

figura 2

En la Figura 2, se puede ver cómo un llamado a la identidad nacional (la cinta tricolor que cobija a los niños) se combina con reivindicaciones de clase, a  la vez que se reproduce la concepción dominante de la “familia nuclear clásica”, como se lee en el texto: “Para mamá, para papá, para mí… la salud es hoy nuestro derecho”.

A partir de la movilización de la nación en estos afiches se hace patente que el consumo del producto (la compra de “Polla Boleto”) no posibilita solamente la ganancia para la empresa o un beneficio monetario para el eventual ganador del sorteo, sino principalmente se prioriza un nacionalismo económico estatal, sentado en una estrategia consciente de desarrollo nacional. El consumo, entonces, no se sustenta sólo en la búsqueda de un beneficio personal, sino que también en la satisfacción de necesidades ajenas. No era, sin embargo, una solidaridad universal, sino más bien chilena.

No obstante, ciertos factores previamente identificados como “presiones histórico-estructurales”, como la legitimación de la industrialización o el énfasis en una integración latinoamericana económica, no están presentes en los afiches observados. ¿Significa esto que las presiones señaladas no eran tales? Las necesidades estructurales de un modelo económico particular no determinan necesariamente el contenido de los mensajes que serán desarrollados bajo su inspiración. En primer lugar, esto se explica gracias a la función directa que se le otorga al afiche, que intenta reivindicar necesidades políticas e ideológicas específicas relacionadas con la orientación socialista de la alianza gubernamental, al mismo tiempo que incentivar acciones útiles para el modelo cepalino. En segundo lugar, es necesario mencionar la reproducción cultural de las relaciones sociales existentes (Williams: 1994, 174), y de las producciones culturales anteriores. Por una parte, las relaciones sociales condicionan en término de presiones y límites. Pero también hay ciertas manifestaciones culturales residuales (Williams: 1980, 144 – 149) – como antiguas concepciones sobre la “chilenidad”-, que inevitablemente surgen más o menos conscientemente. Si el concepto de “chilenidad” en un período histórico particular puede entenderse, al menos en parte, como una lectura situada en el presente de una “chilenidad” anterior, entonces  puede comprenderse como una forma de tradición. Sin embargo, si la tradición es la modificación del pasado desde el presente (su “reselección operativa”, Williams: 1994, 175), es necesario preguntarse cuánto de esta selección es consciente. Al respecto, Williams señala que “es por definición un proceso de continuidad deliberada, y, sin embargo, se puede demostrar mediante el análisis que cualquier tradición constituye una selección y reselección de aquellos elementos significativos del pasado, recibidos y recuperados, que representan no una continuidad necesaria, sino deseada.” (1994, 175, énfasis en el texto original). Hobsbawm, en cambio, matiza el grado deliberado de la invención de la tradición: “todo esto se basa en ejercicios de ingeniería social que a menudo son deliberados […]” (2002, 20, énfasis mío).

Para no entrar en confusiones, resulta fundamental desligar el concepto de deseo del de consciencia o deliberación. Efectivamente, aunque para Williams la construcción de la tradición es siempre deseada, ello no imposibilita un deseo inconsciente. Esto seriviría para dar cuenta de una contradicción superficial entre una chilenidad residual y una dominante: mientras se desea inconscientemente reproducir una chilenidad anterior, también existe el deseo más consciente de releerla en términos útiles para el desarrollismo.

Por otra parte, es imposible desconocer las contradicciones que afloran de esta articulación. ¿Cómo dar legitimidad a la acción económica del Estado y, a la vez, impulsar un discurso latinoamericanista? Si bien ello no es imposible, requiere un amplio manejo de las necesidades económicas desarrollistas, junto con las habilidades propias de la producción del afiche mismo. Surge entonces el problema de las relaciones de la producción cultural, que, como señala Williams, son fundamentalmente históricas (1994, 31).

Es de notar que durante un largo período la Polla Chilena de Beneficencia haya contratado a diseñadores gráficos e ilustradores destacados para ilustrar los afiches de Polla Boleto, como René Ríos (Pepo, el creador de Condorito), Waldo González Hervé o Mario Quiroz. ¿Dictaminaron las necesidades económicas, reproducidas desde la Polla Chilena de Beneficiencia, el carácter social y nacional de los afiches realizados por González Hervé y Quiroz entre 1971 y 1973? Más bien, podría señalarse que estos artistas compartían la idea que juntaba al arte y la política, y hasta subordinaba el primero a la segunda: “el arte al servicio del pueblo”. González y Quiroz no fueron tabulas rasas sobre las que el modelo desarrollista tallaba sus necesidades estructurales, pero tampoco fue su “expresión individual” la creadora de esta fusión social-nacional. Así, a lo largo del período desarrollista tardío, las presiones histórico-estructurales entran en los afiches analizados: desde la unión entre los objetivos empresariales –que, a su vez, no estaban completamente sometidos a la teoría económica- y los del artista individualizado. Aunque existan “direcciones políticas generales de acuerdo con el orden social en el cual operan” (Williams: 1994, 52), la importancia de la política en este período implicaba que no fuese permitido para el Estado que un artista de otra tendencia política realizara publicidades de fuerte contenido social, al igual manera que para un artista era incorrecto trabajar para el bando político opositor. Por esto, la relación entre los artistas y sus patrones (una empresa estatal) era más orgánica que de subordinación; la confluencia de los objetivos se fijaba anteriormente al vínculo económico contractual.

En síntesis, es posible evidenciar que el traspaso de las “presiones histórico-estructurales” que el modelo económico dominante impone sobre el nacionalismo estatal no es transparente, automático ni mecánico. En efecto, factores políticos, históricos (en términos de las tradiciones identitarias) e institucionales distorsionan tal estímulo, de modo que el análisis de las expresiones de aquel nacionalismo no puede extrapolarse meramente desde la descripción de las necesidades del modelo económico imperante. Sin embargo, tal ejercicio sigue siendo relevante, pues permite identificar ciertas presiones que explican tendencias generales de los procesos de codificación del discurso estatal y, por ende, de su nacionalismo.

Referencias

Hobsbawm, Eric (2002). “Introducción: la invención de la tradición”, en La invención de la tradición, Eric Hobsbawm y Terence Ranger (eds.). Barcelona: Editorial Crítica [original: The Invention of Tradition, The Press Syndicate of the University of Cambridge, Cambridge, 1983]

Williams, Raymond (1980). Marxismo y Literatura, Barcelona: Península.

—– (1994), Sociología de la cultura, Barcelona: Paidós [1ra. edición: 1981].

“La opinión contenida en este texto es de exclusiva responsabilidad de su autor”

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2 Comentarios »

  • Tweets that mention Desarrollismo y nacionalismo en el cartel estatal durante la Unidad Popular /  Estudios Históricos -- Topsy.com dijo:

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  • Lylian Zaccagnino dijo:

    Es sumamente interesante el análisis planteado, que refiere a los mensajes que se transmiten por medio de los afiches oficiales, para impulsar determinadas políticas económicas desde el Estado, durante el Gobierno de Salvador Allende.
    Y cómo incide el modelo económico desarrollista, en el nacionalismo chileno, en la redefiniciòn de la identidad nacional, y a su vez la apariciòn de presiones histórico-estructurales que influyen para que ello ocurra.
    Redefinir la identidad chilena, articulándola a una identidad latinoamericana, resignificar el interés nacional en torno a un proceso de industrializaciòn, apelar a esa identidad chilena para incrementar el consumo de bienes chilenos y para asegurar la legitimidad al rol solidario, redistribuidor y empresarial del Estado. Todo ésto en suma, y con algunos matices, se puede percibir en la acciòn ideológica de varios gobiernos latinoamericanos, que impulsan en sus países,actualmente, políticas de Estado, similares, y pese a los años transcurridos desde que Cepal aconsejara las medidas econòmicas para America Latina en la década de los años 40 del pasado siglo.

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