El Primer Franquismo y Chile:
MANIFESTACIONES DE LA PERPETUACIÓN DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA EN CHILE TRAS SU FINALIZACIÓN[1]
Por Elena Romero Pérez.
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“Un republicano, siempre le tiene más apego a su patria, que un súbdito a la suya, y la razón de ello está en que se ama más al bien que es de uno, que a aquel que pertenece al amo”
Voltaire, Pensées sur le gouvernement.
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El 18 de julio pasado se conmemoraron 74 años desde el comienzo de la Guerra Civil Española, la que ha quedado en la memoria colectiva como uno de los sucesos más importantes del siglo XX, puesto que su transcendencia fue más allá de Europa, alcanzando lugares tan lejanos como Chile, principalmente gracias a la llegada de los refugiados. Durante el desarrollo del conflicto, a nuestro país llegó un número importante de refugiados pro franquistas; sin embargo con el fin de la guerra el panorama cambió y quienes preponderaron fueron los conocidos como republicanos o rojos.
De allí que el Gobierno franquista, que se hizo definitivamente con el poder de España en abril de 1939, emitió el 16 de agosto del mismo año la circular N° 714 del Ministerio de Asuntos Exteriores, en la que especificaba la normativa que debía regir el tratamiento a los españoles en el extranjero, considerando que ya en aquel momento se encontraba: “… restablecida la unidad total del Estado con la victoria de la Causa nacional…”[2]. En la misma circular se resaltaba que: “…ha de ser el cometido esencial de dichos Representantes –los del gobierno franquista en el mundo- la afirmación de esa unidad, en relación particularmente con el desempeño de aquellas funciones que afectan al ejercicio de los derechos civiles del individuo”[3], residiendo el problema en que: “…la igualdad de trato que esto implica, no ha de interpretarse como indiferencia ante la distinta conducta observada o que actualmente observen frente al Estado Nacional los españoles residentes en el extranjero, ni como olvido de las sanciones que les sean aplicables, como las de carácter económico”[4].
Ello sentaba las bases del trato diferencial que ya se aplicaba en la práctica por parte de los diplomáticos españoles en el mundo hacia sus coterráneos, entre aquellos que habían tomado partido por uno u otro bando, o que se habían manifestado indiferentes en el desarrollo de la Guerra Civil española (1936-1939); lo cual implicaba la extensión de la represión franquista y de la persecución política fuera de las fronteras del territorio geográfico español. Eso, sumado a la ya mencionada presencia de un número importante de españoles pro franquistas, llevó a que se extendieran las manifestaciones de la Guerra Civil fuera de España, tras la finalización oficial del conflicto armado. Podemos mencionar un elemento adicional: en América, los republicanos contaban con el beneplácito y muchas veces permisividad de los gobiernos para organizarse y manifestar su independencia respecto del franquismo[5], a pesar de ser reconocido éste como el gobierno oficial de la Madre Patria; tal como lo indicó Julio Montero Díaz, quien manifiesta que si bien el conflicto armado que desgarró a España durante casi tres años terminó en abril de 1939, esta fecha simboliza principalmente una victoria militar, ya que: “La lucha, la guerra civil, continuó luego, aunque de una manera bien distinta, fuera de las fronteras españolas”[6].
Ello se reflejó en tres manifestaciones en Chile: las de repudio contra el franquismo, las de apoyo a la dictadura, y en la ruptura de relaciones que se produjo en julio de 1940[7]. Entre las primeras, muchas de las más interesantes son las que se presentaban en el periódico “El Siglo”, el que constantemente entre 1939 y 1945 indicó los peligros que según ellos encerraba la presencia de españoles franquistas en nuestro país, los que iban desde la colusión en el precio del pan por parte de los panaderos de esa nacionalidad, hasta los reclamos por los insertos que aparecían en la prensa nacional y que, a juicio de dicho periódico, implicaba el avance del fascismo en Chile. Pero ésta no fue la única manifestación anti franquista, ya que incluso tras cinco años de la finalización de la Guerra Civil, se siguieron realizando actos de apoyo y conmemoración a la España republicana en diferentes lugares de Chile. Por ejemplo, en la ciudad minera de Coronel en el sur de nuestro país, se llamaba a una concentración para el domingo 16 de abril de 1944: “…para conmemorar el aniversario de la República Española y a la vez para rendir un fervoroso homenaje al heroico pueblo español antifranquista”[8]. Incluso, la Embajada de España en Chile fue víctima de varios atentados en el período 1939 y 1946, los que resultaron sin víctimas fatales pero con daños materiales. A ellas se sumaron las múltiples manifestaciones regionalistas, como las de la “Juventud Vasca”.
Pero los pro-franquistas también tuvieron su espacio, y realizaron conmemoraciones en el Estadio Santa Laura en abril de 1939[9], julio del mismo año, etc. En ambas fechas se embanderaron recintos como una de las más tradicionales panaderías de Santiago, en señal de apoyo a la instauración de la dictadura en España. Adicionalmente, el día 18 de julio de cada año se conmemoraba el “Día Nacional de España”, con recepciones, bailes y otro tipo de celebraciones; igual situación sucedía con la celebración del “Día de la Raza”, la que año a año recordaba la política de Hispanidad[10] impulsada por la Dictadura Franquista para tratar de influir en la política Iberoamericana.
Sin embargo, uno de los puntos menos conocidos respecto de las relaciones entre españoles pro y anti franquistas en Chile tras el fin de la Guerra Civil es el del seguimiento que se hizo a destacados personeros republicanos. Se sabía de sus domicilios, actividades laborales, lugares de reunión, entre otros; lo que se realizaba con el fin de mantener controladas las manifestaciones contra la dictadura. Con la recopilación de aquellos datos, más el seguimiento dado a sus reuniones, era posible detener a los hombres individualizados en caso de cometer cualquier acción subversiva. Sin embargo, las aspiraciones de Luca de Tena (embajador de España en Chile por aquel entonces) y de los cónsules en general, iban más allá de eso, puesto que se podía encauzar a más de alguno dentro de los delitos de guerra y conspiración que el Estado franquista había dispuesto.
Es así como en 1940, el Cónsul General de España en Valparaíso José Ramón Gómez-Acebo, comunicaba al Ministro de Asuntos Exteriores Juan Beigbeder sobre las actividades supuestamente subversivas realizadas por españoles disidentes en aquella ciudad, señalando: “Considerando que las culpas contraídas por estos elementos indeseables son merecedoras de sanción y caen de lleno dentro del cuadro trazado por la ley de responsabilidades políticas de fecha 9 de Febrero de 1939, me permito remitir adjunto a VE las fichas personales con indicación de las causas de su responsabilidad por si tiene a bien hacerlas llegar a manos del tribunal regional competente”[11]. En este mismo documento se adjunta la ficha de algunas personas, entre las que se incluyen sus datos personales y las causas que eran susceptibles de perseguir.
No era ésta la única misiva que se conoció del espionaje a elementos contrarios al régimen Franquista, ya que desde 1939 se recogía información confidencial de refugiados republicanos por medio de la apertura de su correspondencia, realizando un seguimiento de su procedencia, ocupación, etc., tal como se puede apreciar en la ficha extraída del Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores de España, documento que avala plenamente la realización de espionaje hacia los disidentes españoles con residencia en Chile (ver imagen adjunta).
En síntesis: lo que hemos tratado de ilustrar en estas breves palabras, es que la Guerra Civil Española se mantuvo en una vertiente política en nuestro país, prolongándose la división entre las dos Españas, más allá del fin del conflicto armado. Es más, se deduce también que el Franquismo no sólo se dedicó a realizar purgas al interior de España, sino que fue más allá e intentó neutralizar a los enemigos de la “Causa” allende de los países vecinos, tal como sucedió en Francia, llegando los intentos de eliminar a los contrarios que ensuciaban los presupuestos del Franquismo a América Latina. De allí que, si se realizó en las décadas de 1930 y 1940 espionaje a los ciudadanos españoles en Chile por parte de la dictadura, no debiera sorprendernos entonces que el día de hoy, donde la tecnología facilita aún más las comunicaciones, se produzcan casos como el reciente espionaje ruso en Estados Unidos; o el mantenimiento de la base de Guantánamo en Cuba por parte de este último país, ya que con estos casos se constata que el cese de un enfrentamiento de tipo frontal o armado, como pudo ser el de la Guerra Fría, o el de la Guerra contra el Terrorismo impulsado por G. W. Bush, no significa que se respete la privacidad de las personas, ni mucho menos que los Estados respeten la soberanía de los otros países con que mantienen relaciones diplomáticas regulares.
[1] El presente trabajo es un extracto de la tesis de Magíster en Historia c/m en Historia Europea, titulada: El primer Franquismo y Chile (1939-1945): “La continuación de la Guerra Civil política y su proyección en las relaciones bilaterales, fuera del territorio español”.
[2] AGA (Archivo General de la Administración de España), caja 54/9353, legajo 319. Burgos, 16 de agosto de 1939, comunicación del Subsecretario de Asuntos Exteriores al Encargado de Negocios de España en Chile, p. 1.
[3] Ibídem.
[4] Ibídem.
[5] Entre ellos el Centro Republicano Español, que funcionó en Chile, Argentina, y otros países de Iberoamérica; y el Instituto Cultural Chileno-Español, creado en 1943 por renombrados españoles republicanos (José Ferrater Mora, Eleazar Huerta, etc.)
[6] MONTERO DÍAZ, Julio. El primer franquismo: triunfo y asentamiento del régimen (1939-1959). En: PALACIOS, Javier. Historia Contemporánea de España (siglo XX). Barcelona, Ariel, 1998, p. 662.
[7] La ruptura de relaciones diplomáticas de España con Chile, fue producto de la no resolución de los problemas de los asilados del bando republicano que aún se mantenían en la Embajada de Chile en Madrid a mediados de 1940. La ruptura se produjo en julio del mismo año, en los días previos a la conmemoración del 18 de Julio, fecha del alzamiento militar que dio origen a la Guerra Civil Española (1936-1939). Sin embargo, ya para el 12 de octubre se normalizaron las relaciones diplomáticas, debiendo además el franquismo permitir la evacuación de los asilados fuera de territorio español debido a la presión internacional encauzada por Chile, y el temor por parte de España de una condena de América a la acción española en el Congreso Panamericano que se celebraba en esos meses.
[8] LOS antifascistas de Coronel rinden homenaje el 16 a República Española. El Siglo, Santiago, Chile, 13 de abril, 1944, Año IV, N° 1319, p.6.
[9] Se puede revisar además el artículo de Gonzalo Aravena publicado en esta misma sección el 6 de abril de 2010, que trata sobre la automarginación del club Unión Española, del campeonato de futbol nacional.
[10] Si bien el término Hispanidad es de larga data, en este trabajo se aborda como la política del gobierno franquista hacia América Latina en la inmediata postguerra civil. Ella tenía por antecedente las ideas de Ramiro de Maetzu y otros, siendo ésta la política por la cual el franquismo intentaba convertirse en un modelo a seguir en el nuevo continente en el que debía primar el anticomunismo, el catolicismo conservador, etc., siendo su primera arma de penetración la cultural; para ello se fundó en Santiago el Instituto Hispano Chileno de Cooperación Cultural y Comercial, el que se cerró tras la mencionada ruptura de relaciones de España con Chile en julio de 1940. Para más profundización del tema, pueden consultarse las obras de Rosa Pardo Sanz Con Franco hacia el Imperio: La política exterior española en América Latina (1939-1945), Isabel Jara Hinojosa de Franco a Pinochet: el proyecto cultural franquista en Chile (1936-1980), Ricard Vinyes. Los niños perdidos del Franquismo, entre otras.
[11] AMAE (Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores de España), legajo R-1578, expediente 6, carpeta 6, Nº 83, Valparaíso, 14 de Enero de 1940. Comunicación del Cónsul General de Valparaíso José Gómez-Acebo, p.1.







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