Mito, política y legitimidad en la Atenas Clásica. (parte 1)
Por Enrique Riobó.
El eje principal de este escrito será el enunciar dos ideas trascendentales respecto a la relación íntima existente entre mito y política, enfocado en la Grecia clásica, especialmente en el siglo V A.c.[1] en Atenas, con el afán de desarrollarlas en columnas venideras.
Lo primero es plantear por qué es interesante este tema. En ese sentido, habría que remitirse a lo que implica dicho siglo para la historiografía más tradicional –que es también lo que se plantea en la educación formal-, en términos simples, el comienzo de la racionalidad occidental, el paso del mito al logos, de la explicación exclusivamente religiosa de los fenómenos a la filosófica, en esencia, el “milagro griego”. Este siglo justifica, en importante medida, la idea de “mundo grecorromano como cuna de Occidente”. La idea de re-revisar estos momentos está enfocada precisamente a cuestionar esta noción, lo que se hace especialmente significativo en un país como el nuestro[2], que se ha pensado dentro de esta “civilización occidental”. Es debido a esto que considero legítimo el estudiar este tópico, en tanto contribuyen, o al menos pueden hacerlo, a comprendernos un poco mejor, evitando que se convierta en mero fetiche.
De esta manera, lo que propongo es relativizar la inmediatez del “legado griego”, analizando críticamente las maneras en que éste se configura históricamente, poniendo así en entredicho la completa racionalidad del mismo. En ese sentido es que considero fundamental el tomar en cuenta las maneras en que se posibilita la configuración –ideológica- de las realidades históricas, siendo, en este caso, lo mítico un elemento de fundamental importancia.
Lo que planteo es que este “milagro” está completamente mediado por elementos “irracionales”, debido a la utilización de los mitos para poder legitimar ciertas prácticas y directrices políticas, uso que se da por parte de un grupo reducido -los grupos dominantes- enfocado, especialmente, a la búsqueda de hegemonía ideológica, que facilitaría la dominación. En ese sentido, comprendo que este “milagro griego” (logos) sólo pudo darse mediado por el mito, al menos en términos político-históricos y no sólo teórico-filosóficos –como muchas veces se entiende-.
Ahora, es fundamental explicitar cómo se llevará a cabo esta propuesta, la manera en que se pueden investigar y analizar las relaciones propuestas; en ese sentido, considero fundamental la utilización del mito como fuente histórica. En este momento plantearé la segunda idea.
Si partimos de la base que “El mito […] contiene las categorías que permiten a los griegos pensar su existencia con relación a la vida cotidiana, los grandes acontecimientos y el mundo divino”[3], por lo cual “el relato del pasado mítico se prolonga sin ruptura en relato del pasado histórico. Entre los tiempos fabulosos de los primeros reyes míticos de Atenas, a los que Teseo se vincula, y el tiempo medido, controlado, en el que se juega el destino de las ciudades, no existe, para los hombres de la Antigüedad, ninguna incompatibilidad. Se trataba siempre del mismo tiempo”[4], y damos cuenta que en Grecia la idea de verdad “se asocia precisamente con la memoria[5], y no con la coherencia, la exactitud o lo verificable”[6], vemos que lo mítico no tendría ningún tipo de contradicción con lo verdadero[7].
Dentro de este contexto, quienes tendrían el privilegio de establecer la memoria en Grecia son los poetas, quienes “están profundamente interesados en el problema de la verdad; su misión está muy por sobre la simple entretención o una función de archivo”[8]. Las musas tienen especial relevancia, Mnemosyne más que el resto, siendo ésta la que “[…] permite descifrar las claves de lo verdadero, vencer el olvido, ver lo imposible para la mirada común. La memoria tiene la misión no sólo de rescatar y preservar el pasado, si no de inmortalizar a los vivos.”[9]
Vemos entonces la importancia que tiene lo mítico en la manera en que los griegos se pensaban y se comprendían. Es esto lo que considero fundamental en estos planteamientos; debido a que el control del mito implica también el de la “verdad” –al ser éstos parte del pasado ateniense y por ende de su memoria-, se da cabida a validar las estructuras de la sociedad, las instituciones, la política, etc. a través del uso de estos, cómo planteé anteriormente. Si a esta idea le añadimos el que “[…] el hombre, por instinto, busca estructuras cerradas, que sean garantía contra los acontecimientos y sus amenazas. Gracias al mito lo insólito se convierte en habitual: ocurre siempre la misma cosa, es decir, no ocurre nada. En todo el sentido de la palabra, el mito es un principio de conservación para el grupo humano, que reduce toda la experiencia posible a un gigantesco fenómeno ya visto. Podría decirse que se trata del principio de identidad aplicado al tiempo y que asegura en todos los casos la preponderancia de lo Mismo ontológico sobre lo Otro histórico.” [10], damos cuenta entonces de lo fundamental que sería el control de los mismos.
La gran diferencia entre este momento y los anteriores –y de ahí creo yo, la idea de milagro griego- radicaría en que, si bien el mito sigue siendo el que da las categorías para pensar el mundo, en el caso griego se toma conciencia de ello, pero por parte de sólo un grupo o clase social –dominante-; se utiliza el mito de una forma racional, como elemento para poder generar coherencia y lógica a lo que se trataba de imponer: “El mito traza necesariamente los límites de la razón y le descubre una aplicación escatológica.”[11] El quiebre se genera, pero en la lógica y la legitimación de la dominación, no en la dominación misma; es un quiebre teórico pero no histórico, en el sentido material.
Entonces, la manera en que plantearé esta propuesta en las publicaciones venideras será, una vez explicitados los aspectos teóricos principales, a través del análisis de dos mitos principalmente, el de Teseo y el de Erictonio.
Para finalizar me gustaría aclarar el hecho que este escrito tiene la intención de ser el primero de varios que den cuenta, históricamente, del problema que en este caso está sólo enunciado.
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[1] También llamado siglo de oro o de Pericles.
[2] Especialmente por planteamientos como “Chile es de los países blancos de Latinoamérica”, “Los ingleses de Sudamérica” o “Los jaguares del continente”.
[3] Orellana, Mario y López Pérez, Ricardo. Mito, filosofía e historia, LOM, Santiago, 2006. Pág. 167
[4] Vernant, Jean-Pierre, Entre mito y política México, 2002, FCE Pág. 94
[5] En este caso no nos referiremos de manera más profunda a la idea de memoria y su relación con el mundo antiguo, espero plantear ideas respecto a ello en próximas columnas.
[6] López Pérez, Ricardo. El mito griego como antecedente de la racionalidad filosófica : dimensiones filosófica, histórica y epistemológica del mito griego y su relación con el logos, entre los siglos VIII y V aC / Profesor patrocinante Julia Romeo Cardone, Tesis (doctor en filosofía mención epistemología de las ciencias sociales)–Universidad de Chile, 2005. Pág. 41
[7] Basta recordar lo que en la actualidad significa la palabra mitómano para dar cuenta de que esto ha cambiado de manera radical.
[8] Ibíd. Pág. 41
[9] Ibíd. Pág. 41
[10] Gusdorf, Georges. Mito y metafísica, Ed. Nova, Buenos Aires, 1960. Pág. 33
[11] Ibíd. Pág. 266


[...] este escrito retomaré lo planteado en “Mito, política y legitimidad en la Atenas Clásica. Parte 1”, columna ya publicada en esta página. En este caso, lo que se buscará será plantear los aspectos [...]
[...] ya los aspectos teóricos de este trabajo -de manera muy general- en las columnas anteriores (parte I y parte II), ahora me referiré al caso específico de una de las figuras a analizar: la de [...]
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