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Nacionalismo y Memorias de una guerra que no fue. Beagle, 1978. (Parte 2 – final-)[1]

5 julio 2010 441 visitas 2 Comentarios

Por Gonzalo Aravena Hermosilla.

Desde la memoria rescatada a través de entrevistas a cinco soldados destinados a cumplir funciones militares en el austro, pretendo reflejar las repercusiones del nacionalismo chileno en aquella cuasi guerra en la Patagonia. Busco comprender si ése discurso – el nacionalismo – logró mantenerse imperturbable en soldados que participaron del conflicto, y si lo logró, por qué.

Para lo anterior, divido los relatos testimoniales en tres etapas. La primera de aproximación discursiva y simbólica a la guerra, en donde la bandera, los himnos y las arengas patrióticas cobran vital relevancia en el adoctrinamiento nacionalista de estos jóvenes recién egresados de su etapa escolar, jóvenes que con suerte superaban los 18 años de edad.

Uno de esos me comentaba lo siguiente:

“es el ambiente mismo, el ambiente que se vive dentro de un regimiento, eso de que todo el día te estén diciendo “que somos los mejores” o “que ustedes son chilenos y tienen garra y tienen que ser como los de la Batalla de la Concepción”, es lo que te va convirtiendo en el más ferviente patriota”[2].

Esto es una de las claves para entender la fuerza del discurso nacionalista. La invención de una tradición justificaba y consolidaba el sistema que a ellos movilizaba en ese entonces. Como decía en la parte 1, la historiografía decimonónica consagra un imaginario de héroes que pavimentaron la emancipación chilena como sociedad, y por ello, recordar sus historias –fundamentalmente al interior del ejército- permite generar un vínculo con la tradición que da sentido a la defensa y en sí, al discurso.

Otro rito que permitiría la permeabilidad del nacionalismo es la entonación reiterativa de himnos patriotas, como por ejemplo el himno del camarada, muy característico de la época según los entrevistados. Este dice más o menos así:

Yo tenía un camarada, otro igual no encontraré, siempre a mi lado él marchaba, siempre aquel clarín tocaba. Silbando viene una bala, es para mí o es para él, a él le tocó, lo siento, y yace a mis pies sangrientos, como un pedazo de mí. Quieres darme tú la mano mientras yo cargo el fusil, no puedo dártela, muero. Vive feliz  compañero, se valiente y varonil.

Se transforma así, prácticamente en una máxima nacionalista el morir por la patria, como un símbolo de entrega y sacrificio cuasi sacro. Más aun si este tipo de himnos era entonado de manera espontánea por estos hombres sometidos a la espera de una guerra. Sometidos a morir por la nación…

La siguiente etapa dice relación con la territorialidad y la defensa. Un ex conscripto de 1978  me comentaba lo siguiente:

“Yo entré en marzo de 1978 al personal del ejército y ya en junio estaba en Coyhaique (zona austral de Chile), cuando pocos meses antes no sabía siquiera dónde se encontraba geográficamente esa zona, salvo alguna divagaciones con respecto a su australidad”.[3]

La ya clásica idea de “comunidad política imaginada” propuesta por Benedict Anderson para referirse a la nación, cobra aquí real asidero. Los miembros de una nación con una identidad nacional integrada, pese a no conocer todo el territorio que ésta comprende, tendrían cierto nivel de apropiación discursiva del mismo, aceptando como propios lugares a los cuales jamás han visitado pero que sí pueden imaginar. Éstos, al ser políticamente parte del territorio en donde se ejerce soberanía, son también parte del imaginario de la representación de la nación, consagrándose una idea de apropiación que va más allá del conocimiento físico del lugar, puesto que bastaría con conocerlo en términos discursivos. La comunidad imaginada deja de ser un abstracto cuando elementos de este tipo repercuten en acciones físicas y materiales que llevan lo imaginado a la realidad.

Finalmente, una última etapa dice relación con un análisis a los sentimientos más críticos previos a una guerra que relacionan la patria con la familia. Un ex oficial de ejército me comentaba:

“H24 se le dice cuando está el piloto arriba y el mecánico abajo, está el piloto ahí y el mecánico en el suelo, en cabezal de la pista, llegar y salir. Eso ya es terror. Y ahí vienen en mi, no tan sólo en mí, yo interpreto a varias personas…  la primera pregunta ¿qué estoy haciendo yo aquí? ¡Qué estoy haciendo yo aquí![4]”.

La respuesta a esa pregunta la van dando los mismos testimonios, los cuales aducen a la nación como principal fenómeno para resistir tal nivel de angustia a la espera de un conflicto armado. Un ex conscripto planteaba que estaba ahí porque había hecho un compromiso con la bandera para defender a su patria, en este caso para defender las islas Nueva, Picton y Lenox, y agregaba “y si me preguntas si inclusive esto estaba por sobre mi familia, no dudo en responderte que sí, porque la patria… es la familia[5]

De esta forma, el nacionalismo pudo más que cualquier atentado sentimental o racional a las lógicas de su dispositivo.

Así entonces, existía en Chile, y fundamentalmente en el ejército, una reproducción muy sólida de las lógicas nacionalistas, y, una vez estando dentro de él, fue (y es) prácticamente imposible eludirlas más aun si se arrastra toda una percepción de la nación esencializada desde los principales canales educativos. Las lógicas nacionalistas se plantean incuestionables debido a que la idea de nación se entiende como algo que nos acompaña desde que vivimos en comunidad, desconociendo el origen moderno, europeo y ficticio de la misma.

En relación a lo anterior, estos extractos de los testimonios utilizados dan cuenta de una sobre-estimulación de los sentimientos por sobre la razón, y aun constatando esto, es difícil, sino imposible, eludir las fuerzas históricas que lo determinan.

Por ello, en último caso, me interesó reflexionar en torno a esto, y a cuán contundente puede ser un discurso que enajena al individuo en pos de una solidaridad grupal, instando al lector a cuestionarse también, hasta dónde entendemos esa solidaridad, y cuán recíproca es desde todos los sectores de la comunidad.


[1] El presente texto es una adaptación de la tesis de grado homónima, presentada por el autor para obtener el grado de licenciado en historia en la Universidad de Chile en enero de 2009. El texto completo está disponible en http://www.cybertesis.cl/tesis/uchile/2008/aravena_go/html/index-frames.html

[2] Iván F. Entrevista realizada en Julio de 2008.

[3] José C. Entrevista realizada en Julio de 2008.

[4] Iván F. Entrevista realizada en Julio de 2008.

[5] Manuel H. Entrevista realizada en Julio de 2008.

La opinión contenida en este texto es de exclusiva responsabilidad de su autor”

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2 Comentarios »

  • Fabian dijo:

    Felicidades por tu trabajo, realmente muy bueno. Ojalá que puedas continuarlo.
    A modo de consejo, no se si has tomado todo el tema del odio que muchas veces se pueden ver en los canticos en contra de los diferentes “enemigos” de Chile (Que hasta el dia de hoy se hacen).
    Quizas lo hayas visto ya, pero es solo un tema que seria interesante tomar.

  • Luis dijo:

    Exelente trabajo chicos. Exito.

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