Por Enrique Riobó.
Tomando en cuenta la importancia cuantitativa que tiene la religión dentro del mundo actual y la historia en general, creo que es importante plantear algunos aspectos teóricos dentro del estudio de ésta. En este caso, planteamos la siguiente pregunta como el eje de la columna: ¿Cómo aproximarse al conocimiento de la religión?
Esta interrogante, complejísima de contestar, ha sido respondida a lo largo de la historia a partir de los más diversos ámbitos. Desde la teología más clásica, hasta los planteamientos más novedosos en torno a la religión[1], la manera de aproximarse a este conocimiento ha pasado por la gran mayoría de los paradigmas y perspectivas existentes en las ciencias sociales –y no sólo en ellas-.
Ahora, hay que plantear algunos elementos que hacen del conocimiento de la religión algo un poco más complejo que el de otros tipos de redes sociales. Por ejemplo, debemos hacernos cargo que la tradición judeo-cristiana en occidente condiciona de manera radical lo que se puede entender o no por religión, y en ese sentido es bastante complejo tratar de dar definiciones universales a partir de paradigmas que claramente no lo son. He ahí una complejidad en torno a lo religioso, que nos va a dar también pie para distintas aproximaciones a dicho conocimiento. Si se trata de llevar a cabo una aproximación “universal” –desde las bases occidentales- al conocimiento religioso, sin hacerse cargo de las problemáticas que esto conlleva, es muy posible dejar de lado, intencionalmente o no, una gama de manifestaciones; o al menos analizarlas desde perspectivas occidentalizantes.
Lo religioso también dista de otro tipo de manifestaciones culturales como la política, la economía, entre otras, que generalmente han sido vistas como más objetivables. Hay que partir de la base que la religión implica, necesariamente, alguna noción de absoluto –divino o no- que es incuestionable, es creído, asumido como verdad y por ende no es posible someterlo a crítica, lo que se ha llamado también “sagrado”[2]. De aquí también sacamos otro elemento que veo como fundamental cuando hablamos de religión: la fe, que la entiendo como la creencia total en aquello que no es racionalmente aceptable para quien no comparte la misma. El problema aquí es la imposibilidad total de siquiera intentar objetivar el absoluto y/o la fe, elementos centrales de la religión. Existe entonces una diferencia fundamental con otros campos de estudio. Sin embargo, es bastante complejo plantear la religión como algo que no está imbricado de manera total con las otras redes sociales; la política, la economía, el arte tienen también elementos religiosos y viceversa, por lo tanto, se hace incluso más complicado responder a la pregunta primera de la columna.
A esta complicación se ha acercado generalmente desde dos perspectivas. La primera aceptando estos elementos –absoluto y fe-, haciéndolos parte del logos, a partir de intentos de racionalización de lo sacro, de la fe –al final, de la religión-; es decir, abrazar y abordar dichas complejidades. Dentro de dicho contexto, podríamos ver dos ramas: en primer lugar, el que busca lo esencial de la religión, (responder a preguntas tales cómo ¿Qué es la religión?, ¿Cuándo comenzó la religión?, ¿Es intrínseca al hombre?, ¿Cuál es la función de la religión?, ¿Ha evolucionado la religión?) llamémoslo filosofía de la religión. Considero que éstas y otro tipo de preguntas por el estilo, si bien pueden generar consensos y sentar las bases del diálogo en torno a lo religioso –sin lugar a dudas fundamental- no deberían llegar a ser más que eso: una manera de afirmar racionalmente los paradigmas que utilicemos para aproximarnos a la religión; ya que muchas veces sucumben ante la tentación de analizar lo religioso desde perspectivas meta-históricas, donde se habla, por ejemplo, con categorías generales de todas las religiones primitivas, se “mete en el mismo saco” creencias y conductas religiosas que están culturalmente condicionadas de maneras completamente distintas o se plantean perspectivas evolucionistas en torno a la misma (con la cúspide en el cristianismo, por ejemplo).
Existe también una segunda rama, la teología, que busca responder inquietudes cotidianas –históricas- a través del estudio del mensaje mismo de religiones específicas. En este caso hablamos necesariamente de perspectivas confesionales, donde se hace explícita la comunión con algún “absoluto” específico. En este caso se partiría de un paradigma meta-histórico, sería imposible ponerse en cualquier otra posición, ya que lo que emana de la racionalización teológica es un “deber ser” para cualquiera que se considere tocado por aquélla; donde valores, morales, directrices no serían condicionadas históricamente, aun cuando toquen temas cotidianos. Si fuera de otra manera, la teología no tendría validez alguna[3].
Sin embargo, al igual que cualquier otra forma de conocimiento es necesariamente histórica, la teología, al tener lógicas exclusivas, sólo cambia a partir de otras reflexiones teológicas que planteen soluciones más acordes a la interpretación actual de lo absoluto. Tampoco se escapa de los distintos contextos económicos, políticos y/o culturales de aquél que realiza la reflexión teológica. Lo único que se mantiene relativamente incólume es la fuente de lo absoluto –por ejemplo, la revelación cristiana-.
De esta manera vemos una contradicción en tratar de racionalizar lo absoluto. Las conclusiones de la teología serían no-cuestionables –excepto por ellas mismas-, pero la teología misma es relativa a las condiciones históricas en que se genera.
Por otro lado, se han tratado de sobrepasar estos escollos –la fe y lo absoluto-, planteando los estudios de la religión desde- exclusivamente- las prácticas religiosas, dejando de lado lo que podría ser llamado como la búsqueda o el estudio de la “esencia” de la religión. De esta manera se buscaría comprender el fenómeno religioso desde una perspectiva eminentemente cultural, no confesional, donde lo que toma importancia es la manifestación del sentimiento religioso y no la naturaleza de éste. Interesa cómo se pone en práctica lo religioso dentro de una cultura específica.
En ese sentido es que aparecen tendencias como las ciencias de la religión[4], la “historia de las religiones”[5] o el estudio de religiones comparadas. Claro está que no se puede plantear un bloque monolítico entre todas estas disciplinas, dentro de estas las perspectivas de estudio son diversas, la sociología, antropología, psicología, entre otras, tienen ramas y métodos específicos para el estudio de lo religioso. Ni hablar de los diversos marcos teóricos que se pueden utilizar dentro de disciplinas tan amplias como las nombradas, desde marxistas hasta conservadores existe una gama de planteamientos teóricos y metodológicos que se pueden utilizar, y no sólo eso, también variadas nociones de religión[6], que condicionan los estudios procedentes y que van desde las más esenciales a las más pragmáticas.
Al aceptar los condicionamientos histórico-culturales del fenómeno religioso, al tratar de comprender la manera en que lo religioso influye dentro de los diversos ámbitos de la sociedad –también en contextos históricos específicos-, ya se parte de un paradigma diferente al de la filosofía de la religión o la teología. La primacía de lo histórico es fundamental; lo absoluto, lo inefable, lo inquebrantable, por ende, no puede ser estudiado.
Asimismo, muchas veces[7], el absoluto tiene sobre sí una capa de misterio que lo hace no apto para todos, al plantearse en lógicas completamente exclusivas a quienes han “vivido” la experiencia de lo sacro. Dentro de este contexto la búsqueda racional de respuestas ante las problemáticas que nos plantea lo absoluto pierde sentido y validez, y sólo queda estudiar los comportamientos.
Se tiende entonces, a aceptar que las creencias, la fe no son, ni pueden ser, objetos de estudio; son elementos tan personales, tan subjetivos y también tan fundamentales para el que cree, que se hace complejísimo plantearlos como un objeto legítimo de análisis.
El eje principal de este texto no puede ser respondido de manera certera, es tanto o más complejo de abordar que la pregunta sobre qué es la religión. Nos encontramos en una encrucijada donde se nos pregunta qué es más legítimo de analizar, las prácticas, las creencias, lo absoluto, los misterios, los contextos históricos, etc. Se nos cuestiona también en torno a cómo es más legítimo de analizar lo religioso, que categorías utilizar, a través de que perspectivas, cuantitativas, cualitativas, históricas, antropológicas, filosóficas, teológicas, etc. Hay que también preguntarse en torno a una visión última de los fenómenos religiosos, es acaso ésta el opio del pueblo o ejerce acaso otro tipo de función social; es una construcción social –cualquiera sea su objetivo- o tiene, dentro de sí algo de verdad, de absoluto.
No aspiro aquí a generar certezas en torno a estos temas, sino todo lo contrario; plantear debates respecto a las formas de aproximarse al conocimiento religioso más adecuadas es mi intención.
[1] Ver por ejemplo: Bulkeley, Kelly (ed.) Soul, Psyche, Brain: New Directions in the Study of Religion and Brain–Mind Science, Palgrave Macmillan, 2005, New York.
[2] De ahí que se plantee muchas veces que la noción de lo sacro es aún más importante que la noción de divino, al hablar de religión: “Lo sacro está situado en el corazón de lo social, decía Durkheim. Es sacro todo aquello que la sociedad considera como tal. En consecuencia, es normal que se produzca un desgaste de los dioses, simétrico con el de las sociedades donde surgieron: Unos envejecen y desaparecen mientras otros ocupan sus lugares en los templos. Nadie cree ya en Zeus o en Huitzilipotchli; hoy el mana está en la patria, el derecho de propiedad, la eficiencia, los índices de crecimiento económico, los derechos humanos. A ellos se les rinde culto, se les ofrecen sacrificios, se entrega la vida por ellos.” (Moreno, Jaime. La noción de religión. Documentos de trabajo de la cátedra de Historia Antigua, Universidad de Chile, 2005)
[3] Exceptuando, obviamente, algunos casos específicos como la teología de la liberación.
[4] Religionwissenschaft, en alemán (cuna de la disciplina)
[5] Un concepto bastante problemático, ya que no existe un consenso en torno al mismo. Existen distintas denominaciones, más o menos aceptada por distintos investigadores. Ver Diez de Velasco, Fernando. Introducción a la Historia de las Religiones (MATERIAL DE PREPARACIÓN DE LA ASIGNATURA HISTORIA DE LAS RELIGIONES). Págs.: 3-5)
[6] Para Durkheim por ejemplo, “…la religión es un sistema solidario de creencias y prácticas que giran en torno a lo sagrado, es decir, separadas, interdictas; creencias y prácticas que unen en una misma comunidad moral, llamada iglesia, a todos los que a ellas se adhieren” (Mardones, José María. “Sociología del Hecho Religioso” EN: Fraijó, Manuel. Filosofía de la Religión: estudios y textos. Editorial Trotta, Madrid, 1994. Pág. 136) En el mismo texto, hablando de Alexis Tocquenville, se plantea que dicho autor: “Concedió una gran importancia social a la religión dada su influencia sobre las costumbres y la moral social. Entendía que no podía subsistir una sociedad sin una cierta coherencia de valores y comportamientos morales.” (Mardones, José María. Op.Cit. Pág. 134) Thomas Luckmann: entiende la religión “como un concepto que generalmente se refiere a un aparte concreta de la existencia humana, la sobrenatural, la de los últimos significados de la vida y de la trascendencia” (Mardones, José María. Op.Cit. Pág. 146) que sería según dicho autor “cualquier sobrepasar la pura situación aquí y ahora biológico. Es decir […] que el trascenderse humano coincide con el proceso de humanización y de construcción de la realidad social […] No hay seres arreligiosos.”(Ibíd.) Para Marx, la religión puede ser definida como “cabalmente, el reconocimiento del hombre dando un rodeo. A través de un mediador. El Estado es el mediador entre el hombre y la libertad del hombre. Así como Cristo es el mediador sobre quien el hombre descarga toda su divinidad, toda su servidumbre religiosa, así también el Estado es el mediador al que desplaza toda su no-divinidad, toda su no-servidumbre humana.” (Marx, Karl. Sobre la cuestión judía. Disponible en:
http://www.marxismoeducar.cl/sobre%20la%20cuestion%20judia%20me.htm Visitado el 13/09/08) por último, Max Horkheimer nos plantea lo siguiente: “¿Qué es religión?: El inextinguible impulso, mantenido contra la realidad, de que ésta debe cambiar, que se rompa la maldición y se abra paso a la justicia” (Horkheimer, Max. Anhelo de Justicia: Teoría crítica y religión, Ed. Trotta, Madrid, 2000. Pág. 226)
[7] En la antigüedad de daba esto con relativa frecuencia.
“La opinión contenida en este texto es de exclusiva responsabilidad de su autor”












