Re-posicionar a la Historia: El más apremiante de los desafíos.
Por Andrés Rojas Böttner.
Socialmente la historiografía no goza de buena salud o legitimidad. Es cierto que nos encontramos en un contexto en que el conveniente discurso de “mirar hacia el futuro y no hacia el pasado” se ha tornado predominante, sin embargo, eso no nos exime como historiadores de abordar un desafío fundamental, más importante incluso que las cuestiones metodológicas (muy importantes por cierto), temáticas o sobre los enfoques, discutidas cada cierto tiempo. Ese desafío es re-posicionar socialmente a la Historia.

Respecto al tema, se requiere urgente una sociología de nuestra disciplina (o algo parecido), que nos permita entender en qué medida la producción de conocimiento historiográfico está circulando socialmente, en qué lugares y con qué grado de legitimidad o recepción.
Por otra parte, en vista a la percepción que tengo de la poca circulación de esta, habría que resolver cuáles son los escollos que hay que sortear (culturales e institucionales) para alcanzar una difusión mayor. No tiene mucho sentido incorporar nuevas tendencias y perspectivas historiográficas si en los colegios todavía se educa a partir de manuales “clásicos” y la memorización de fechas sin ninguna noción de proceso o perspectiva crítica, como tampoco se saca nada con agudizar debates intra-académicos (en rigor, entre algunos pocos académicos, normalmente de un par de universidades santiaguinas por causa del brutal centralismo chileno) si socialmente “no tenemos pito que tocar”, siendo requeridos únicamente para relatar anécdotas sobre alguno que otro suceso o personaje del pasado. La razón es que la Historia pareciera no responder nada.
En la medida en que las numerosas monografías que se producen año a año (y que normalmente se pierden, como las tesis universitarias), sobre temas muy específicos y sin aparente anclaje con el presente, logren transformarse en síntesis pertinentes que permitan entender y abordar nuestros actuales problemas como sociedad, podremos dialogar en la esfera pública desde un rol menos periférico, aunque pareciera que no se produce ese esfuerzo tan a menudo. Habría que ver qué tan validadas están esas síntesis en la academia y qué tan dispuestos están los historiadores a hacer las veces de “difusores” (el status que significaría escribir textos difusores es otro tema para una sociología de la producción historiográfica en Chile).
Sin embargo, si ese conocimiento no logra encontrar un soporte que permita una circulación masiva, socialmente ese conocimiento será inexistente.
Lamentablemente no contamos ni con medios de circulación (revistas de difusión, presencia en los diarios o televisión, etc.) ni con respaldo institucional (la Academia Chilena de la Historia es francamente un ente fantasmal y el Estado sabemos el tipo de Historia que prefiere). Por ende, pareciera ser que nos toca a las nuevas generaciones crear los espacios y salirnos un poco de “lo académico” para llegar a lo verdaderamente social. Ya existen experiencias previas, de lo que se trata ahora es de dar un giro sostenido en pro de la tan necesaria difusión, por ejemplo en el tipo de actividades académicas que empecemos a generar.
“La opinión contenida en este texto es de exclusiva responsabilidad de su autor”





[...] nuestro compañero Andrés Rojas Böttner, quien señalaba en aquella intervención la necesidad de “re-posicionar a la historia”[1] y, la verdad, estoy de acuerdo con gran parte de lo que apunta respecto a cómo (no) se difunde [...]
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