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Reflexiones en torno a la guerra entre México y Estados Unidos

21 junio 2010 575 visitas Sin Comentarios

Por Andrés Delgadillo Sánchez. Historiador Mexicano.
Red de Contactos Latinoamericanos CCEHS.

La guerra que se libró entre México y los Estados Unidos de Norteamérica de 1846 a 1848 ha sido un tema considerablemente analizado por historiadores y estudiosos de distintas épocas en ambos países; la sensibilidad que ha llegado a ocasionar el conflicto, así como sus repercusiones para ambas naciones, pueden ser elementos influyentes para explicar la cantidad de obras que lo abordan.

La mayoría de dichos trabajos han seguido la tendencia de encontrar culpable a uno u otro país como el responsable de los enfrentamientos, no obstante, trabajos recientes parecen vislumbrar una señal saludable para la historiografía del tema, tanto investigadores mexicanos como estadounidenses están llegando al consenso de que hubo una responsabilidad reciproca a la hora que estalló la guerra.

Por ello es imprescindible conocer el contexto de ambas naciones sí  se quiere entender las circunstancias que desencadenaron el conflicto armado, así como al conflicto mismo, a continuación abordaré  brevemente el contexto en el que los dos países de desarrollaron antes de la guerra, así como algunas de las repercusiones que esta significó  para ambos.

México comenzó su vida independiente tras los estragos causados por la crisis y caída del virreinato español, por ello no resulta difícil entender que durante los 25 años transcurridos desde la declaración de su independencia hasta el estallido del conflicto bélico, imperaran las luchas internas y la inestabilidad; un considerable número de guerras hacia el exterior como el intento de reconquista española en 1829, la independencia texana entre 1835 y 1836, o la guerra contra Francia en 1838, propició la imposibilidad de que se estableciera un orden constitucional para el país, por consiguiente, se transitó por un período largo y agitado de crisis poscolonial.

Se trataba de un país dividido por posturas políticas e ideológicas que pretendían imponer su visión de como dirigirlo, ya un imperio (1821-1823), una república federal (1824-1835) y una república central (1835-1846) habían fracasado en el intento por consolidar la nación, lo que es más, en plena guerra hubo otra cambio de gobierno, de república central a república federal de nueva cuenta.

Una escasa conciencia de unidad nacional propició que durante la invasión cada territorio velara por sus intereses; de forma paralela, cuando los norteamericanos avanzaban por territorio mexicano varios puntos de la República ardían, con lo que los hombres públicos del siglo XIX denominaron como “guerra de castas” o la guerra del indio en contra del blanco, la Huasteca, el Itsmo de Tehuantepec, la Sierra Gorda y Yucatán, fueron algunos de los puntos en donde estallaron revueltas rurales evidenciando las grandes diferencias étnicas y regionales del país, que por cierto, se encontraba en bancarrota desde la administración colonial y varias potencias no habían quitado sus miradas a un territorio inestable, dividido y lleno de posibilidades para su explotación.

En contraste, el aumento de población en los Estados Unidos, sus aspiraciones a convertirse en la potencia hegemónica del continente, y su interés por excluir de América del Norte influencias europeas, conllevó  a que adoptaran una política expansionista, lo que los condujo entre otras cosas, a dirigir una guerra contra México, no obstante, la adquisición de nuevos territorios encendió la disputa por la esclavitud lo que dividió a los norteamericanos a mediados del siglo XIX.

A lo largo de la primera mitad del siglo XIX Estados Unidos, en 1803 compró  la Luisiana a los franceses, adquirió la Florida Occidental en 1810; la Oriental en 1821; Tejas, en 1836, a raíz de declararse república independiente –patrocinada por el gobierno estadounidense- y anexada a aquel país 1845; Nuevo México, California, Colorado, Nevada, Utah y otras zonas noroccidentales tales como Oregón, en 1848.

En este sentido, la independencia de Texas desempeñó un papel notable en el destino geopolítico en el Norte del continente americano durante las décadas de 1830 y 1840. Su separación de México y posterior anexión a los Estados Unidos, evidenció la incapacidad de los primeros para gobernar y controlar sus entonces extensos y deshabitados territorios del Norte, mostrando a la vez la debilidad de su estado nacional. Para los segundos, significó la ambición por más territorios, de los cuales obtuvieron buena parte a costa de México.

Todo parece indicar que dentro del complejo escenario en el que vivían los angloamericanos de la primera mitad del siglo XIX lograron de forma asertiva extender su territorio desde el Atlántico hasta el Pacífico, y con ello atender las demandas de una población  creciente, obtener tierras ricas en minerales e idóneas para el cultivo, grandes oportunidades comerciales consiguiendo puertos en ambos extremos del continente, mantener el equilibrio regional entre estados libres y esclavistas, así como de conseguir el control de territorios con una considerable población de indios “rebeldes”.

Finalmente, es importante tener en cuenta que a pesar de la innegable prosperidad que experimentaron décadas anteriores a 1847, eran también un país con riesgo de secesión, falta de consenso social y algunas crisis económicas, en suma, se trataba de un país joven intentando consolidarse, en éste aspecto no difería mucho de México pese a sus características y desarrollos por demás desiguales.

La victoria angloamericana fue amplia y contundente, en el Norte de México como California o Nuevo México no se les opuso resistencia, ya que eran estado insertos en su orbita comercial; en el Sur tampoco hubo una notable oposición ya que había un sinnúmero de revueltas indígenas y campesinas; las batallas que se dieron en el Norte y Oriente de México, poco sirvieron para que los estadounidenses tomaran la capital en septiembre de 1847 e hicieran firmar al gobierno mexicano un tratado por el que se perdía más de la mitad de su territorio.

Pese a ello, la guerra trajo repercusiones tanto positivas como negativas para los dos pueblos. Los historiadores Jesús Velasco y Thomas Benjamín consideran que antes del conflicto ambos países sufrían una prolongada crisis como resultado de los problemas que sus movimientos de independencia habían dejado sin resolver, y que al término de la disputa nos encontramos con un “proceso acelerado de confrontación interna” que acabó por resolver aquellos problemas en ambas naciones.

Coincidentemente, los dos dieron solución a sus crisis de consolidación más o menos al miso tiempo: en Estados Unidos con la Guerra Civil, entre 1860 y 1865; en México con la Guerra de Reforma y la Intervención francesa, entre 1858 y 1867. La guerra, así pues, estuvo íntimamente relacionada con esas condiciones críticas y fue un importante componente de su solución final.

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Bibliografía

Delgadillo Sánchez, Andrés, Identidad Nacional en San Luis Potosí. Símbolos y héroes patrios para una nación dividida durante la guerra contra Estados Unidos de Norteamérica de 1846 a 1848 [en prensa].

Velasco Márquez, Jesús, y Thomas Benjamin, “La Guerra entre México y Estados Unidos, 1846-1848”, en Ma. Esther Schumacher (comp.), Mitos en la relaciones México-Estados Unidos, Fondo de Cultura Económica, México, 1994, pp. 99-156.

La opinión contenida en este texto es de exclusiva responsabilidad de su autor”

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