Sobre la Revolución Educativa: análisis y perspectivas
En las últimas semanas hemos sido testigos de cómo se han ido sucediendo, unas tras otras, mediáticas noticias relacionadas con el ámbito educacional; pareciera ser que una especie de fiebre por la educación ha invadido a los medios de comunicación, a la sociedad y también a nuestro gobierno.
De allí que las palabras de Redondo, Descouviéres y Rojas[1] cobren sentido, en relación con que uno de los éxitos de las reformas educativas que desde los años noventa vienen produciéndose en nuestro país ha sido el lograr llamar la atención y prácticamente crear conciencia sobre la importancia de la educación en nuestra sociedad.
Si revisamos el programa de gobierno y los anuncios dados por éste el 21 de mayo del presente año, nos encontramos con medidas como:
“1. Aprobar el proyecto que promueve la calidad y crea nueva institucionalidad para la educación.
4. Duplicar la subvención educacional en un plazo de ocho años con preferencia para los más pobres y vulnerables.
5. Mantener abiertos los colegios municipales hasta las ocho de la noche en los barrios más afectados por la droga y la delincuencia.
6. Entrega de resultados de la prueba Simce por colegio y comuna a todos los apoderados, y no sólo a los del curso que dio la prueba.
7. Otorgamiento de premios e incentivos para aquellos alumnos, escuelas y profesores que logren mejorar notoriamente sus rendimientos.
8. Más y mejores mediciones de aprendizaje (inglés, educación física y tecnologías de la información).
16. Prevención y combate a la violencia, el tráfico de drogas y las faltas de respeto al interior de las escuelas y liceos”[2], entre otras.
Además de lo anterior, cabe señalar que el objetivo que se busca conseguir con estas y otras medidas es lograr “que durante el transcurso de esta década, seamos capaces de darles a todos nuestros niños y jóvenes, en la educación municipal y privada subvencionada, cualquiera sea la condición económica de sus padres, una educación de calidad, como la que hoy otorga un buen colegio particular pagado”[3].
Lo que cabe preguntarse acá es entonces: ¿Son estas medidas las adecuadas para lograr dicho objetivo, son éstas suficientes para lograr la llamada revolución educativa?
Creemos que medidas sin una articulación adecuada no lograrán mejorar la educación de nuestro país. En otra columna, mencionábamos que una política de Estado, no de gobierno, permitiría que éstas tengan continuidad en el tiempo, logrando probar su efectividad, un diagnóstico constante y, sobre todo, un enfoque de sistema, no de islas de conocimiento, administración, etc. Ello permitiría, por ejemplo, que no se planteara un nuevo proyecto de calidad en educación y una nueva institucionalidad, siendo que hace poco tiempo atrás se promulgó la Ley General de Educación, que enfatiza en el primer tema y crea organismos para su logro.
Otra de las cosas que llama la atención es que se toma al Simce como una especie de panacea de la información educativa; de allí que pareciera ser que “lo que no se evalúa, no existe”[4] o, al menos, otras evaluaciones no son consideradas. Todo el mundo sabe que el Simce es una evaluación más, y que en la vida de un estudiante no tendrá mayor incidencia en los procesos evaluativos cotidianos que se dan en el aula, puesto que permite reconocer, principalmente, el nivel de avance de los estudiantes en relación con los Contenidos Mínimos Obligatorios (CMO)[5]. Porque al proponerse medidas como la colocación de banderas que clasifiquen el tipo de puntaje obtenido por el colegio, se le estarían atribuyendo cualidades adicionales, que la sociedad no involucrada en el ámbito educativo no tendría por qué conocer.
A ello podemos sumar lo contradictorio que parece el hecho de que, por una parte, se anuncie que se tomará el Simce en Educación Tecnológica y, meses después, se promueva la reducción de horas de esta área en pro de aumentar las dedicadas a las áreas tradicionales del conocimiento: Lenguaje y Matemáticas.
Vinculando lo anterior con otro ámbito, no menos importante: ¿Qué pasa con la Convivencia Escolar, que es uno de los ámbitos más débiles de la educación? ¿Qué pasa con los énfasis valóricos? Se han propuesto otras mediáticas medidas, como un reglamento de convivencia escolar –el que, de acuerdo a la política del Mineduc, éste debiera dárselo a cada establecimiento de acuerdo a sus necesidades- o el tomar una prueba Simce en el área como diagnóstico del tema. Pero en lo concreto, y como sabemos, sin el interés y el reconocimiento de los establecimientos educacionales de que la violencia es un problema que realmente existe, y el de las familias involucradas, no se podrá avanzar en este ámbito.
Otro punto es el del gasto en educación. Las llamadas becas “vocación de profesor” -similar a la ya existente “Beca de Pedagogía”-, el incentivo al perfeccionamiento docente a través de posgrados -también ya existente, a través de Becas Chile-, los estímulos al retiro, los bonos por desempeño, entre otras; todo ello implica que el presupuesto en educación tendrá que aumentar sustancialmente en los próximos años.
Gráfico Nº 1: Gasto en Educación Per Cápita[6]
Si observamos el gasto educativo en relación con el PIB (Producto Interno Bruto), vemos que éste ha aumentado sustancialmente en las últimas décadas. ¿Dónde está el problema? En que los resultados educativos no se condicen con dicho aumento, lo que nos mostraría que éste no se está utilizando de forma eficiente. Nuestro cuestionamiento va por el lado de que si no hay una política educativa de Estado, entonces se movilizan esfuerzos y recursos que luego no son utilizados adecuadamente, o se dejan a la espera, como ha sucedido con el Ajuste Curricular.
Si a esto sumamos el que cada vez se proponen nuevas medidas, y se indica casi como la madre de todo a materias como Lenguaje y Matemáticas, mostrándose, por ejemplo, que con el quitar horas a Historia y Ciencias Sociales se mejorará la comprensión lectora, cuando ella también puede desarrollarse en esta última área; mientras se fusionan establecimientos municipales en diversas comunas del país por falta de matrícula -problema detectado ya en la década anterior y no se anuncian medidas para rescatar la educación pública-, pareciera ser que la revolución educativa tiene puntos débiles y perfectibles, que sin un diagnóstico adecuado puede no lograr los resultados esperados.
[1] Redondo, Jesús; Descouviéres, Carlos; Rojas, Karina. Equidad y calidad de la educación, Santiago, 2004, Universidad de Chile, Vicerrectoría de Investigación.
[2] Fuente: “Cuadernos de Educación”. Chile, Mensaje Presidencial, Sebastián Piñera, 21 de mayo de 2010. Disponible en: http://ecuadernos.blogspot.com/2010/05/chile-mensaje-presidencial-sebastian.html
[3] Ibíd.
[4] Valledor, Laura. SIMCE: Lo que no se evalúa, no existe. Disponible en: http://blog.latercera.com/blog/lvalledor/entry/simce_lo_que_no_se
[5] “Su propósito principal es contribuir al mejoramiento de la calidad y equidad de la educación, informando sobre el desempeño de los estudiantes en diferentes subsectores del currículum nacional, y relacionándolos con el contexto escolar y social en el que ellos aprenden”. Fuente: http://www.simce.cl/index.php?id=288&no_cache=1
[6] Fuente: www.lyd.org






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